La siempre vanguardista industria japonesa, debe su impresionante éxito empresarial a la permanente reingeniería de la alta gerencia. Hace poco más de una década, Akio Morita, presidente de Sony, acuñó el vocablo que intitula el presente artículo, con el objetivo de tender un nexo entre las empresas nacionales (locales) y el megamercado de la tendencia globalizadora, es decir, que las empresas con misiones y con visiones conservadoras, anticuadas y ortodoxas, sean capaces de conjugar sus objetivos tanto con el neoliberalismo —entendido como expresión política de la economía posmodernista— como con la globalización, entendida en términos de manifestación tecnológica del expansionismo comercial urbano.
Ahora bien, lo que me interesa de la glocalización, es la enseñanza con la que puede iluminar el horizonte de la economía de los estados subdesarrollados. La libre empresa, el libre mercado, la desregulación o la revalorización y la reafirmación del individualismo bajo la ideología liberal, no son malas de facto.
Resulta sorprendente constatar que las minusválidas economías del hemisferio sur, deben su actual situación a su ineficiencia intrínseca más que a las satanizadas tendencias del mercado. Aquí, cabe una reflexión nodal:
La economía no puede ser subrogada por sociologismos que pretenden encorsetar los ciclos productivos en argumentos seudocientíficos que no logran escapar —las más de las veces— de sus propias contradicciones. Por tanto, es imposible pasar por alto la complejidad multifuncional, multidimensional y multidependiente de la dinámica mercadológica, sin desintetizar la imbricación de la supramencionada complejidad.
Todo modelo económico debe direccionarse hacia la humanización de sus postulados y de sus supuestos, siempre y cuando, en la plenitud de su aplicación anule procesos subeconómicos y deseconómicos.
La perspectiva gerencial de la glocalización debe ser emulada por las naciones con economías deprimidas, debido a que la desaceleración de éstas últimas no es cuestión de reduccionismos ni politológicos, ni sociológicos vernaculares, es una cuestión de efectividad productiva y de eficiencia profesional.
En conclusión, no es cierto que las economías locales (rurales o étnicas) no quieren participar del mercado globalizado, es que no pueden hacerlo, cosa muy distinta. En la medida en que el proceso de la glocalización se implemente y se ejecute dentro de políticas estatales de comercialización, la precariedad de las economías postergadas tenderá a fortificarse, sin marginar iniciativas productivas endógenas.
*Marco Antezana es presidente de la Corporación Internacional Idetur.
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