Si el precio del petróleo continúa con los drásticos aumentos del periodo reciente, la economía chilena podría colapsar. Los mercados internacionales tienen el poder para colapsar a las economías nacionales. Basta recordar la virtual quiebra del Estado boliviano con el “colapso de la industria minera boliviana cuando el precio del estaño se vino abajo”. A partir de entonces Bolivia se puso a merced de la caridad internacional y después de décadas seguimos a merced de los organismos internacionales.
Chile difícilmente podría soportar incrementos sustanciales adicionales a los precios ya altos de los hidrocarburos. Su industria exportadora se vendría abajo. He aquí la urgencia de la República de Chile por impulsar el “tan mentado anillo energético” que en la práctica no seria nada más que un cartel de países compradores, todos vecinos de Bolivia para que en el supuesto de que la demanda se dispare en los mercados internacionales, el gas boliviano quedaría a merced de los países que conformarían el cartel del anillo energético.
Como respaldo a este planteamiento ponemos en evidencia las contradicciones del modelo petrolero transnacional en su lucha contra los países productores que controlan la extracción de su crudo, y contra las empresas públicas, tanto en países productores como consumidores de petróleo y combustibles.
La mal llamada capitalización de YPFB, en la práctica fue tan negativa para Bolivia como la pérdida de la salida al océano Pacífico. Ambas fueron estrategias del “maquiavelismo internacional” para montarse sobre nuestras materias primas. Lamentablemente, los grupos de poder en Chile ya saben cómo ganar a través de la ingenuidad y falta de preparación de nuestra endeble estructura nacional.
El riesgo energético para Chile es eminente. Si Estados Unidos se encuentra “impotente para proteger su economía frente a una interrupción catastrófica de los mercados petroleros”, según reporta John Mintz, de The Washington Post (24 de junio de 2005). El caso de Chile es muchísimo más serio.
Analistas de primer nivel llegaron a la conclusión de que el “gobierno de Estados Unidos tenía pocas opciones a corto plazo para prevenir un desplome económico en el país y en el mundo” y colocaron en forma omnisciente a 58 dólares el precio del barril de petróleo para finales del 2005, con probabilidad de alcanzar un precio paroxístico de 150 dólares, según consigna un artículo del destacado analista energético mexicano, Alfredo Jalife-Rame, profesor de la Universidad Autónoma de México.
Según los analistas parte de la alarma es el “voraz apetito de petróleo por China”. El escenario parte de la premisa nodal de que las “tolerancias son tan apretadas entre la oferta y la demanda que aún pequeñas interrupciones en la entrega de petróleo y gas natural pueden ocasionar cascadas de desarrollos molestos”.
El senador demócrata Byron Dorgan, al presentar un proyecto de enmienda ante la Cámara de Representantes el pasado 7 de septiembre, fustigó que las grandes transnacionales petroleras anglosajonas (The Big Oil) ganan más de 7 mil millones de dólares adicionales al mes “sobre las espaldas de los consumidores”, de lo que estaban ganando hace 18 meses, cuando el petróleo se disparó de 40 dólares a 70 el barril, sin haber aumentos en el costo de producción. Existen reclamos como los del senador demócrata Carl Levin, quien pregona una “congelación de 40 dólares el barril”.
El “choque petrolero” ha obligado a dos aerolíneas de EUA, Delta Airlines y Northwest, a declararse en quiebra en el de por sí desvalido sector aeronáutico.
El análisis del Prof. Jalife consigna declaraciones de Phillip Ellis, consejero de Boston, para que los “gobiernos se hagan responsables de la seguridad energética”. Y esto es precisamente lo que una delegación del Gobierno de Chile buscará en las reuniones que se inician esta semana en Santa Cruz con delegados del sector energético de Bolivia.
Ver la manera de asegurarse volúmenes de energía de Bolivia a precios fijados por un cartel de compradores. Chile es un país con una clase dirigente nacionalista y agresiva en desmedro de una Bolivia con una clase dirigencial que “orgullosamente repetiría la depravada explotación del cerro de Potosí” para beneficio de sus pequeños entornos.
Los bolivianos deberíamos acogernos a las recomendaciones del consultor Ellis, quien sentenció “el papel pasivo que los gobiernos han jugado en la seguridad energética desde la revolución Thatcher-Reagan (léase: neoliberalismo global) es un lujo que no nos podemos permitir”.
Las transnacionales petroleras anglosajonas (The Big Oil) advirtieron 25 días antes de Katrina sobre una “inminente sequía energética”, que se debe en gran medida a la “creciente población, la inestabilidad del régimen de Arabia Saudita y a la dificultad en encontrar nuevo petróleo” (Financial Times, 4 de agosto de 2005). En su perspectiva de energía para 2030, la petrolera texana Exxon-Mobil, que escaló el primer lugar de los negocios mundiales este año, vaticina que la producción fuera de la OPEP alcanzará su “pico” en los próximos cinco años. Chevron Texaco llega a una conclusión similar: “acabó la era del petróleo fácil”.
¡Pensar que en Bolivia hay opciones interesadas que no reconocen el carácter estratégico del petróleo y del gas! El economista canadiense Marshall Auerback (“Petróleo: geólogos vs. economistas”; Prudent Bear, 13 de septiembre de 2005) consigna que “EUA y China han sentenciado que el petróleo es una materia prima estratégica (...) Si el crudo continúa su alza inexorable (...), un precio mayor seguramente tendrá algún impacto en la ecuación de la oferta y la demanda”. Lo cual orientará el precio del barril hacia el abismo o las cumbres. Todo lo anterior explica la hábil aproximación de la diplomacia chilena a nuestro país.
Lamentablemente nuestra estrategia nacional sigue sin rumbo conocido respecto al derecho propietario sobre los hidrocarburos y cómo usarlos para lograr objetivos nacionales. Uno de los cuales debería ser negociar una salida plena y soberana al Pacífico a cambio de suministro directo, confiable y solidario de gas a Chile.
*Roberto González Peláez es economista DAEN y consultor financiero internacional.
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