Una medición precisa del nivel de cultura democrática adquirido en un país es difícil de establecer con exactitud. En Bolivia, veintitrés años de democracia ininterrumpida reflejan un avance inequívoco de profundización de este sistema de gobierno. Sin embargo, y a pesar del tiempo transcurrido en democracia, no se han satisfecho plenamente las demandas ciudadanas de bienestar y desarrollo. Durante todo este tiempo, se han vivido crisis económicas casi permanentes, enfrentamientos sociales constantes, marchas, bloqueos y protestas que pisotean los derechos de los demás. Una democracia que no logra mantener orden social ni hacer respetar las leyes. Ni qué decir de la inoperancia parlamentaria reciente y los vergonzosos enfrentamientos entre los poderes del Estado. Enfrentamientos que nos han llevado a tener cinco presidentes en cinco años y que socavan la unidad del país.
A pesar del apesadumbrado panorama descrito y de una visible molestia ciudadana con los actores políticos y las instituciones del sistema, la población nuevamente da señales inequívocas de apoyo a la democracia clamando ejercer su máximo derecho democrático. Elegir a nuevos gobernantes en una justa electoral libre e imparcial, con la esperanza de que su voto sea respetado no sólo en el conteo de papeletas sino en el futuro ejercicio de gobierno, con resultados electorales que proporcionen una estructura legítima para gobernar; de modo contrario se desvirtúa la democracia. A su vez, una democracia madura debe tener una ciudadanía exigente que demande convivencia y desarrollo nacional. Es por ello que resultan incomprensibles las declaraciones antidemocráticas de un vicepresidenciable en sentido de que si su partido no es gobierno a partir de enero, no gobernará nadie, ya que movilizará protestas callejeras que, como bien sabemos, tumban gobiernos.
La enorme agenda de temas postergados por las sucesivas crisis políticas que hemos vivido será imposible de llevar adelante si las principales tiendas electorales no arriban a puntos de encuentro programáticos. La definición de una estrategia pragmática y desideologizada sobre el tema de los hidrocarburos como fuente fundamental de ingresos económicos y como instrumento geopolítico regional debe ser consensuada. Temas de urgencia nacional como los tratados de libre comercio, asamblea constituyente y autonomías, requerirán también de acuerdos políticos. Ha quedado en el pasado la posibilidad de gobernar con el rodillo de las mayorías parlamentarias. La necesidad de consensos para lograr gobernabilidad será el mayor desafío y responsabilidad de los que buscan conducir los destinos de Bolivia.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
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