Franklin Alcaraz Director ejecutivo del Celin-Bolivia
Se puede decir que la Política Boliviana Antidrogas nació a fines de la década de los ochenta con la Ley 1008. Y esta ley, fundamentalmente interdictiva, estuvo y está orientada principalmente a la erradicación de la hoja de coca y a la penalización del narcotráfico. Así, la legislación fue la primera estrategia en la lucha contra las drogas. Esta posición se convirtió en política de Estado, con ligeros matices que fueron desde la compensación por hectárea erradicada, pasando por la "coca no es cocaína" de Jaime Paz, la erradicación forzosa, el éxito indiscutible de la última gestión de Banzer Suárez, las concesiones cocaleras de Carlos Mesa y la posición del actual Gobierno de transición que todavía se debate entre la explosión del crecimiento del narcotráfico y el consumo de drogas entre los bolivianos. Todos olvidaron, en mayor o menor medida, la prevención, el tratamiento, la rehabilitación y la inserción o reinserción social de drogodependientes.
Es un hecho entonces que la política antidrogas, por lo menos en Bolivia, desde su nacimiento, estuvo ligada a la hoja de coca porque, nos guste o no, es materia prima para la elaboración de cocaína. Ninguno de los tres candidatos más importantes para las próximas elecciones se ha manifestado claramente sobre cuál será la política del Estado boliviano en este tema, excepto Evo Morales que, por primera vez desde la promulgación de la Ley 1008, propone un cambio: la despenalización de la hoja de coca y su comercialización e industrialización lícitas, obviamente. Mencionan que se evitará su desvío hacia el narcotráfico a través del "control social" sin especificar cómo. Parte de su posición al respecto, es también su apoyo al estudio que determinará la cantidad de uso lícito de la hoja de coca.
Los otros dos candidatos, palabras más, palabras menos, han manifestado la continuación de la política actual. Ninguno hace referencia a las nuevas realidades bolivianas: el país convertido en "país de tránsito" y el consumo de drogas y sus consecuencias ligadas fuertemente a la violencia y seguridad ciudadanas.
Lo cierto es que el país cambió, en materia de drogas, desde 1988 a la fecha. De ser un gran productor de la materia prima, añadió el tráfico, el tránsito y el consumo de drogas al espectro inicial, donde han pasado a tener lugar importante la marihuana y los inhalables. ¿Cómo enfrentar este fenómeno? El tema de las drogas es un problema complejo que exige soluciones complejas y mucho se habla, especialmente entre los "expertos", de la integralidad en la lucha contra las drogas, sin comprender los alcances de tal posición.
Los candidatos debían tener una propuesta que, primero, comprenda el problema como una parte de un todo. En Bolivia, la producción de la materia prima está fuertemente ligada a las necesidades fundamentalmente económicas de la población, ahora transformada en cocalera, que necesita estímulos para incorporarse al desarrollo alternativo y que, una vez allí, asegure un ingreso económico adecuado que lo convenza de dejar el cultivo de la hoja de coca.
Necesita también estrategias adecuadas para enfrentar el tráfico ilícito de drogas, (nacional e internacional), darle impulsos sustanciales a la prevención integral del consumo, comenzar a prestar atención al tratamiento y la rehabilitación y reglamentar el acápite relacionado a la reinserción social, hoy incorporado a la Ley 1008 como un simple enunciado.