Don Pablito tiene todas las arrugas que dan los años y la sonrisa amplia de un hombre que como diría Neruda puede confesar que ha vivido. Vino a San José de Uchupiamonas con una empresa petrolera que estaba haciendo prospecciones en el Madidi y decidió quedarse para siempre en esta comunidad. “En el Madidi hay harto gas y harto petróleo”, me dice. “En la orilla del frente es donde más hay, lamentablemente lo explotan los peruanos y no nosotros”. Y sí, todo parece indicar que en el norte de La Paz hay hidrocarburos para rato. Pero claro, su explotación nos plantea un problema de muy difícil solución, porque petroleras en la selva significa destrucción del hábitat y el del Madidi es además un parque nacional. O sea que no es tan fácil pensar en meter motosierra y abrir campamento para luego comenzar a perforar.
Mientras tanto, los josesanos han encontrado una veta más importante que los restos fósiles que hoy por hoy son el principal energético mundial. Se trata del ecoturismo, pues han construido un albergue ecológico al lado del bello lago Chalalán. Más de mil visitantes van por año ahí y dejan unos cuantos miles de dólares que sirven para mejorar las condiciones de los socios de ésta que es una empresa indígena que son los comunarios poseedores del 50% y la OTB en el otro 50 %.
Chalalán es un ejemplo que demuestra que los indígenas pertenecen a lo que se llama el sector productivo, que pueden ser empresarios como cualquiera y que son capaces de reinvertir sus ganancias para el bien de la comunidad. Así por ejemplo, el 50% perteneciente a la OTB sirvió para sanear la mayor parte de su territorio y ahora va a ser invertido en el mayor bien de la comunidad: los niños, a través de la educación.
En momentos en que espectamos cómo los dirigentes del magisterio quieren recuperar el botín de las normales y la pelea de las universidades por los recursos del IDH, vale la pena volver sobre la historia de Uchupiamonas.
Y el éxito de este lugar tiene que ver con liderazgo. Durante 20 años, los dirigentes fueron los mismos y apoyados por la comunidad comenzaron a soñar en grande. Y esos líderes pudieron cambiar el curso de su pueblo que estaba siendo devorado porque la gente partía para buscar mejores horizontes, por la sencilla razón de que sus padres hicieron el enorme sacrificio de enviarlos al colegio en Rurrenabaque (la población intermedia más cercana conjuntamente con San Buenaventura) porque en el lugar ya no había más que escuela.
De esa visión salieron Guido Mamani y los hermanos Limaco, que una vez que fueron bachilleres volvieron a su pueblo y trabajaron por él. Ahora muchos muchachos podrán ir a la universidad porque hay el dinero para que se titulen. San José de Uchupiamonas necesita médicos, veterinarios, agrónomos, comunicadores y un largo etc. Una buena parte de estos profesionales puede salir de la comunidad, que siempre deberán tomar en cuenta que fue la comunidad la que invirtió en ellos.
El haber conseguido que haya un colegio (ojo que los comunarios pagan a parte de los profesores) ha terminado también con la discriminación que permitía que los únicos bachilleres sean varones porque ningún padre se animaba a mandar a la ciudad a sus hijas.
Esa es la apuesta que sirve de vacuna contra los incrédulos y los sembradores de pesimismo.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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