Que el encargado de negocios de Venezuela en Bolivia es un diplomático bastante primario, que ha actuado de la misma manera que lo hizo el torpísimo Manuel Rocha, que tan beneficioso resultó para Evo.
Creer que ahora la cosa se dará a la inversa, y que Tuto se beneficiará de los improperios del diplomático caribeño es tener una idea muy equivocada de las relaciones políticas, de las percepciones y del imaginero popular. De hecho no fueron solamente las manifestaciones verbales de Rocha semanas antes de las elecciones, sino sus manipulaciones que derivaron en la expulsión de Evo de la Cámara de Diputados, las que irritaron a los bolivianos.
Pero ocuparse de un funcionario de segunda línea que casi está olvidado por su gobierno aquí en las alturas, hasta da flojera, lo que llama la atención son los aspavientos de los candidatos en relación a que se hubiera entonces y ahora mancillado la soberanía de esta potencia llamada Bolivia. Hablar de soberanía, así absoluta, es en el mejor de los casos una hipocresía, parafraseando a Goni en relación a la puntualidad, se podría decir que ésta en nuestro caso es muy deseable, pero inalcanzable. De hecho, ese tema es uno de los mitos más grandes y perniciosos que hemos arrastrado a lo largo de nuestra historia, y aunque tenemos ciertos rasgos de independencia, lo cierto es que somos absolutamente dependientes, y eso no debería acomplejarnos, ni mucho menos.
No se trata de ser soberanos, o de buscar la liberación, ya bastante mal nos fue hace 180 años gracias a la nefasta influencia bolivariana, de lo que se trata es de negociar honorable y convenientemente nuestra dependencia.
En otras palabras, que Estados Unidos es un imperio, ni duda cabe, que somos parte ( absoluta periferia) de ese imperio, por supuesto, pero aclaremos algunos detalles, en primer lugar se trata del imperio más amable de la historia, aún a pesar de Irak. Que Venezuela puede pretender ahora una cierta independencia, es obvio, a fin de cuentas tiene los fondos para eso, pero nosotros tal vez salgamos ganando más casándonos con el mercado más grande de occidente que con uno que todavía está por estructurarse.
Por supuesto que los buenos modales mandan que uno tiene que guardar las apariencias, hay que decir que se es soberano aunque uno no lo sea, y no hay que dejar que ninguna mano se acerque demasiado a las partes pudendas, por lo menos cuando se está en elecciones, pero combinemos en que la única soberanía se gana con independencia económica y eso en el caso de Bolivia parece en el corto y en el mediano plazo imposible, ni con neoliberalismo, ni con neosocialismo, mucho menos con Chavismo.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
El presagio de Stiglitz
Si hubiera un boicot petrolero contra Bolivia, en la eventualidad de una nacionalización, no todo estaría perdido, según el optimista presagio de Joseph Stiglitz.
Persona no grata
Poco afortunado está resultando el venezolano Hugo Chávez, tan deseoso de bañarse en playas bolivianas sobre el Pacífico y tan ansioso de que Evo Morales llegue a Presidente de Bolivia
Un economista en vacaciones
Ésta es la última columna que escribo este año. Mi cerebro entró en vacaciones contra mi voluntad. Creo por ahora que ya escribí todo lo que quería decir. Seguramente se me quedaron algunas cosas en el tintero, serán para el 2006.
Nacionalizar, estatizar o confiscar
Entre sus propuestas electorales, muy desaprensivamente, los candidatos han optado por ofrecer una variada gama de propuestas de nacionalización, para ver si pueden subirse al carro populista al que, imprudentemente, nos empujó el presidente Mesa el año 2004.
Fujimori entre rejas
Lo que debería pesar sobre todo en la balanza de los jueces chilenos a favor de la extradición son las atrocidades que se cometieron.