El dicho popular señala que detrás de un hombre siempre hay una mujer, en la historia de Willy son dos mujeres las que acompañan su lucha por la vida: su esposa, Irene, y su madre, Alicia, quienes junto a sus hijas, sufren al verlo postrado y sometido a una lenta recuperación.
Irene describe a su esposo como una persona inquieta, que siempre está haciendo algo. “Incluso cuando almorzábamos hacía sus diseños en papel. Hacía bonitos bordados para trajes y ropa para los santitos”.
Asegura que la gente los buscaba por su trabajo. “él era muy recomendado y, además, el año pasado logró salir de la Normal y ya tenía su título de profesor y presentó su carta para trabajar en un colegio particular, iba a empezar el próximo año”, cuenta.
La emoción por las cualidades de Willy se aplaca cuando se llega a una pregunta ineludible: ¿Qué hacía en Cochabamba?
Entonces se quiebra la voz de Irene y Alicia interviene para precisar algunos datos. “La dueña de la tienda nos dijo que debíamos cerrar el negocio, entonces mi esposo buscó a su tía, quien estaba organizado una comparsa de los Intocables en Cochabamba, para ofrecerle el diseño de un traje de moreno”.
“Con un bordador fueron a Cochabamba a mostrar su trabajo”, complementa Alicia.
Irene sólo le dio 100 bolivianos porque el viaje debería ser “ida y vuelta”. Era domingo 10 de julio, partió a las dos de la tarde.
Cuando llegó a Cochabamba mostró su trabajo y acordó un contrato y, como veía de tiempo a sus primos, el lunes 11 de julio fueron a festejar el encuentro y el trabajo logrado. Luego de beber chicha tomaron un minibús que anunciaba La Cancha, pero el destino era otro. Willy quería ir a la terminal para volver a La Paz.
En medio camino se durmieron y cuando se dieron cuenta que no estaban en la ciudad pidieron al chofer que regrese, pero el conductor optó por tocar bocina y alertar a la población.
En ese lugar, una semana antes habían matado a un chofer y por eso estaban exaltados. Mientras Willy y sus primos rogaban por sus vidas, la Policía estaba fuera del lugar sin poder ingresar.
Willy fue el único que se quemó pese a que los otros tres también se les roció con gasolina, a él le alcanzó uno de los fósforos con los que jugaba la gente.
La tía de Willy dio la noticia a Irene y de inmediato se movilizaron para traerlo a La Paz.
Tanto Irene como su suegra, Alicia, agradecen el esfuerzo de los doctores Augusto Aliaga y Alfredo Cuentas, de la Sala del Quemado, en el Hospital General, pero la madre de Willy se enteró de que hay algunas personas que atienden casos graves y sueña que una de ellas facilite la recuperación de su hijo.
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Es el número de la cuenta en el Banco Mercantil a nombre de Flores Quispe Irene Zulma, ella espera colaboraciones.