El agudo silbido anunció la llegada del tren, e inmediatamente la estación de Uyuni pareció cobrar vida con la llegada de turistas de todas partes, y pobladores que regresaban a su tierra.
Durante 15 minutos, por toda el área de la estación y las calles adyacentes, el movimiento fue intenso. Luego todos los viajeros desaparecieron como “tragados” por los hoteles, alojamientos y casas hasta que el viento y la noche estrellada volvieron a reinar.
Con más de cinco décadas de vida, Augusto Colque, paseaba por el andén de la estación y al observar los coches y vagones del tren afirmó: “esto es la broma del imperio del ferrocarril; en los años 70 la gente saltaba del tren para atrapar a una vendedora, hoy los vendedores son los que asaltan a los pasajeros”.
Mientras, la encargada de la limpieza no permitía que el polvo se acumule y dejaba cada rincón pulcramente aseado, bajo la mirada lejana de Augusto Colque.
Desde 1899, Uyuni fue un importante nudo ferroviario que comunicaba a Bolivia con Chile y Argentina. Fue la primera ruta tendida del ferrocarril Uyuni-Antofagasta. Por ella circulaban vagones cargados de plata. “Con la capitalización empezó la agonía del ferrocarril”, recordó Colque.