Investigar la forma de vida de este ejemplar único entre los felinos pequeños es el primer paso antes de tomar las medidas de prevención para no perderlo en los rocosos y fríos Andes.
Beatriz Andrade • Fotos: Alianza Gato Andino y Andrés Rojas
Silencioso se escabulle entre los rocosos parajes de Quetena Chico y Quetena Grande en la provincia Sud Lípez, en Potosí. Su tamaño, pelaje y profunda mirada cautivaron al equipo del proyecto de estudio de gatos silvestres que le reconocieron como el gato andino (Oreailurus jacobita).
El grupo de investigadores, del que forma parte la bióloga boliviana Lilian Villalba, contabilizó 36 especies de gatos silvestres en el mundo (excepto Australia y Antártica) de las que 22 son de gatos pequeños (61 por ciento). Cerca del 70 por ciento de los felinos está amenazado por la caza directa o la destrucción de su hábitat.
En América existen 12 especies de felinos, Nueve viven en Bolivia, pero sólo el gato andino respira sobre los 4.000 metros de altitud.
El interés de este equipo por el gato andino, uno de los felinos menos conocidos en el mundo, radica en el riesgo que corre. En 2002, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo incluyó en la categoría En Peligro (muy alto riesgo de extinción en estado silvestre a futuro cercano), pues hasta el 2000 era aún una Especie Vulnerable.
La información obtenida por Villalba y su colega Nuria Bernal sugiere que la especie tiene características únicas, por diferenciarse genéticamente de otros felinos pequeños y por su hábitat en los andes de Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Para ellas, “la distribución del ejemplar está naturalmente fragmentada y sus poblaciones están en muy bajas densidades”.
El trabajo por la vida Lilian Villalba es responsable del proyecto Ecología y comportamiento del gato andino, proyecto que tiene dos fases desde el año 2001 hasta el 2005. La primera es exploratoria en cuatro áreas protegidas para determinar el área de estudio (Apolobamba, Sajama y Cotapata) y la segunda se centra en la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa (REA) y su zona de influencia como área de estudio permanente, a fin de conocer los patrones de actividad y movimiento de la especie.
“En base a huellas y cámaras trampa (cámaras con sensor) ubicamos a Sombrita. La hemos capturado sin lastimarla, se la tranquilizó y se le colocó un radio collar para hacerle un seguimiento por ocho meses a través de la técnica de radio telemetría”, explica la bióloga ,que en esta fase destaca el interés por investigar la forma de vida del animal.
Así, siguiendo día y noche a Sombrita, conocieron que se alimenta de roedores como la vizcacha y que bebe el agua de los reservorios en las rocas.
Después de obtener esos y otros datos, la investigación se detuvo, pues la señal emitida por el aparato se detuvo por días en un punto. Los expertos llegaron al lugar y encontraron a Sombrita paralizada por una trampa. La vida se le fue en el intento de escapar.
El suceso no concuerda con las anteriores investigaciones sobre las causas de la depredación del ejemplar. “Las culturas andinas consideraban al gato andino y al de las pampas como especies sagradas y sus pieles aún son usadas en ceremonias como el marcado del ganado camélido o época de siembra o cosecha. Ambas especies son conocidas como titi, titimisi o titiphisi en aymara y como oskhollo, en zonas quechuas”.
Actualmente, el proyecto tiene un gato de las pampas con radio collar al que se le hace seguimiento. “Esto permitirá tener información comparativa entre esta especie y el gato andino”. Así, ambos ejemplares tendrán mayores posibilidades de sobrevivir.