Los bolivianos cifran sus esperanzas en que las próximas elecciones nacionales puedan resolver la crisis de gobernabilidad que agobia al país. Sin embargo, surge la duda si el resultado electoral no complicará aún más el tenso clima social que se vive; o dicho de otro modo: ¿Se logrará reponer, bajo términos constitucionales, un Estado de Derecho cuya vigencia y sostenimiento resulta fundamental en las actuales circunstancias? Y dada la proximidad de la Asamblea Constituyente, ¿con este justificativo, no aparecerán quienes pretendan quitar validez al sistema de representación que emerja de las urnas?
En términos precisos, ¿permitirán, los llamados movimientos sociales de El Alto y los cocaleros de Cochabamba, el acceso al gobierno de quien resulte vencedor en los próximos comicios? La ciudadanía observa con desconfianza que el MAS, que tiene la llave para activar y desactivar esta masa civil pueda garantizar la estabilidad social, de no ganar Evo Morales. Se especula incluso, que una vez concluido el proceso electoral se intentaría imponer un modelo indigenista con el justificativo de actuar en defensa de las mayorías originarias.
Frente a una acción de esta naturaleza habrá que pensar, asimismo, en la actitud que adoptarán los departamentos que insistentemente han venido reclamando la realización de un referéndum autonómico y una justa y legal representación parlamentaria. ¿Se podrá acaso pensar que estas regiones aceptarán pasivamente que autocráticamente los activistas de El Alto y el Chapare decidan su suerte?, ¿aceptarán sumisos la imposición de una visión de país que, en el contexto de un modelo indigenista, ostentan estas minorías activas?
La grandilocuencia de esta reflexión y el agudo sentimiento que alumbra este propósito, no hace otra cosa que advertir anticipadamente lo que podrá suceder una vez concluidas las elecciones. La esencia de la democracia no radica sólo en el hecho de cumplir un proceso electoral contenido en el texto legal y el de reconocer la validez del veredicto, sino en acatar las reglas de juego constitucionales, que exigen asumir el compromiso de permitir gobernar a quien le corresponda, guste o no dicho resultado.
La tenebrosa y peligrosa incertidumbre que angustia al país, únicamente podrá resolverse con el nítido compromiso de garantizar la estabilidad social sin condicionamientos y chantajes y ello necesariamente pasa por aceptar el resultado electoral y respetar el derecho de las regiones.
*Jorge Landívar es dirigente de Acción Democrática Nacionalista.
Aguas para Chile
No tenía intención de insistir sobre temas internacionales, no obstante, una noticia aparecida en La Razón en su edición del 9 de noviembre da cuenta de que la Cancillería pretende vender agua al norte chileno.
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Las últimas elecciones generales que se realizaron en Bolivia, en las últimas décadas, han reflejado la heterogeneidad del voto ciudadano sin poder alcanzar una opción mayoritaria