América Latina afronta un año de retos electorales Los próximos 13 meses serán claves para la configuración del mapa político de la región.
FESTEJO DE LOS SIMPATIZANTES • Seguidores del liberal hondureño Manuel Zelaya celebraban la noche del domingo el eventual triunfo de su candidato, en Tegucigalpa.
Diez elecciones presidenciales están previstas en América Latina y una en el Caribe entre diciembre del 2005 y finales del 2006. Éstas incluyen siete de los países de la región con más cantidad de habitantes: Brasil, México, Colombia, Perú, Venezuela, Chile y Ecuador.
El punto clave de los comicios es ver si continuará la tendencia de izquierda y, de ser así, cuál será la naturaleza de cualquier nuevo gobierno de esta índole.
¿Será como el de Hugo Chávez, en Venezuela, o el de Luiz Inacio Lula da Silva, en Brasil? Chávez es el “socialista del siglo XXI”, que se opone férreamente a los Estados Unidos y al sector privado, y que además prefiere lazos cercanos con Cuba e Irán.
Lula es cauto en materia fiscal y amigable con los mercados, busca la estabilidad macroeconómica —tratando de compaginarla con las necesidades de los pobres— y tiene influencia mundial.
Chile, Argentina y Uruguay también son gobernados por mandatarios de izquierda, de diferentes variedades.
El domingo hubo elecciones en Honduras, donde ayer ya fue proclamado ganador el liberal opositor Manuel Zelaya. El otro contendiente con aspiraciones era el derechista Porfirio Lobo.
América Latina es hoy una región muy diferente que hace dos o tres décadas. Las políticas electorales se han consolidado considerablemente en la mayoría de los países y no hay ya gobiernos militares. EEUU y los demás países de mayor influencia en la región han asumido una firme posición contra esto, así sean autoridades castrenses transitorias.
Los comicios de nuestros días suelen estar libres de fraude, existe relativa libertad de prensa y los opositores tienen más opciones de llegar al poder.
La sociedad también ha cambiado: hay mayores niveles de urbanización, la población es cada vez más joven, la modernización está cada vez más presente (teléfonos celulares, internet, televisión por cable, etc.) y el número de organizaciones no gubernamentales se ha disparado.
Pero, existe lo que algunos analistas llaman un déficit democrático en dos facetas: la primera relacionada con un mayor descontento con los partidos políticos e incluso con el sistema democrático; la segunda tiene que ver con los derechos sociales, culturales y humanos, que han quedando rezagados, pese a un fortalecimiento de los cimientos políticos.
La violencia social y los secuestros están en aumento. En Brasil, por ejemplo, se registran unas 100 muertes diarias por armas de fuego, lo que es superior a muchas zonas de guerra.
Los traficantes de drogas tienen influencia en el continente.
El problema de pornografía infantil se encuentra entre los más graves en el mundo. Los derechos de las mujeres no han mejorado mucho, además hay pocas mujeres en los parlamentos.
Hay alta impunidad entre legisladores y funcionarios públicos, lo que tiene a los países de la región en los principales puestos de las listas de corrupción.
Quizás sea verdad que los partidos de izquierda y gobiernos de la misma tendencia son más fuertes en esta región que en cualquier otra del planeta.
Los partidos de izquierda han logrado un sólido apoyo, ofreciendo programas alternativos a las dominantes políticas de libre mercado que han seguido gobiernos anteriores; asimismo, prometen más a los pobres, utilizan la carta anti-Bush (ya que la guerra en Irak es muy impopular) y hablan de integración. En los años 80, América Latina seguía el llamado “consenso de Washington”, en el que se impulsaba a los mandatarios a liberalizar y privatizar sus economías.
Muchos gobiernos tomaron esa ruta, más que en otras regiones, pero los resultados fueron decepcionantes. De una población total de unos 550 millones en la región, 220 millones son pobres y unos 100 millones viven con menos de un dólar al día.
Según el informe del 2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), América Latina y África subsahariana son los peores lugares del mundo, en cuanto a desigualdad.
Brasil, por ejemplo, es tristemente célebre por este hecho, solamente seguido —según algunos cálculos— por Sierra Leona. Sao Paulo tiene el mayor número de helicópteros per cápita, ya que los sectores adinerados buscan evitar los barrios pobres (favelas).
México tiene al cuarto hombre más rico del mundo (Carlos Slim), que según la revista Forbes tiene una fortuna de $us 46.000 millones. BBC Mundo-AFP