El viernes 18 de noviembre, una delegación de mi oficina, incluida yo, abordamos un bus de la flota Bolívar a Cochabamba, para participar de un evento institucional. A la altura de Lahuachaca, cerca de la medianoche, los normalistas nos sorprendieron con un bloqueo. El chofer anunció un desvío y en ese intento nos extraviamos, dando vueltas en el mismo lugar, durante tres horas. No éramos los únicos, al menos 15 buses iban de ida y vuelta buscando, sin éxito, el camino. Por si fuera poco, el conductor nos pidió bajar del vehículo para atravesar un río y por un instante perdimos su rastro. Al final, los propios bloqueadores se acercaron para indicarnos el desvío. Llegamos a la Llajta a las 8.30. ¡Qué tortura! Lejos de ser una anécdota, esto de los bloqueos atropella nuestros derechos.
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