Pese a la creciente polaridad que acosa al país, los candidatos parecen empeñados en hacer creer que una importante votación a su favor o la aceptación de alguna modalidad de respeto a una primera mayoría electoral, podrían asegurar ipso facto legitimidad y gobernabilidad a sus eventuales gestiones de gobierno, como si en nuestro país la palabra "mayoría" fuera una llave mágica capaz de frenar maquinaciones de poderosos y turbamultas de desposeídos. Por otra parte, pretender recuperar la gallina de los huevos de oro o no cuestionar a candidatos por ofrecer esa fantasía —antes sólo se ofrecía medio millón de empleos—, es ignorar algunas claves de la realidad. Por ello, es tiempo de dar paso a la Realpolitik, la política del presente.
"La Realpolitik busca oponerse al predominio de las ideas muertas u obsoletas y, en contra del futuro desconocido, enarbola el derecho del presente". Por ello, la Realpolitik apunta a constituirse en un puente entre "el último pasado y el siguiente futuro" (F. Mauthner, Diccionario de Filosofía). ¿Qué significa ello? Que la Realpolitik reivindica el derecho del presente en contra del pasado añejo y carcomido, pero también en contra de todo futuro utópico y fantasioso. Realpolitik no significa resignar nuestra soberanía y dignidad nacionales. Significa bregar por nuestro derecho al desarrollo, evitando nuevas formas de sometimiento.
Ello tiene exigencias muy concretas. René Zavaleta señala en "Lo nacional-popular en Bolivia": "Cada sociedad, incluso la más débil y aislada, tiene siempre un margen de autodeterminación, pero no lo tiene en absoluto si no conoce las condiciones o particularidades de su dependencia". Luego añade: "La autodeterminación en todo caso no puede significar la desaparición de las determinaciones externas; significa en cambio la elaboración del propio objetivo o voluntad de uno mismo en el seno de las determinaciones externas". Y concluye: "El conocimiento del mundo y la visión sin ilusiones de uno mismo es el requisito absoluto para la autodeterminación".
¿Cuáles son dichas determinaciones externas? Particularmente aquellas relacionadas con el cultivo ilegal de coca y una eventual nacionalización del gas. En el caso del gas, por el hecho que se afectaría intereses vitales de diferentes potencias. En el de la coca, porque significa un enfrentamiento con los Estados Unidos que han declarado como problema de seguridad pública al narcotráfico. De ahí que creer que podemos disponer de nuestros recursos gasíferos a nuestro gusto, desconociendo compromisos asumidos, e ignorar presiones en torno a la coca, no es dar señales de un gran "conocimiento del mundo". Por otra parte, pretender que se puede contrarrestar el ascenso de un candidato colocándolo en la vecindad de la insurrección, tampoco es dar muestras de una "visión sin ilusiones de uno mismo".
Pretender que con un acuerdo de respeto a alguna mayoría lograremos avanzar hacia nuestro desarrollo con paz social, sea nacionalizando el gas o manteniendo fuera del gobierno a los excluidos de siempre, es sacrificar los fines por santificar los medios. Ganar nuevos márgenes de autodeterminación cuesta. ¿Cuánto? Eso es lo que debemos negociar, externamente con los poderes que afectan nuestra vida nacional e internamente, buscando una alianza entre las principales fuerzas electorales.
*Carlos Rodrigo Zapata es economista.
Democracia significa dejar gobernar
Hay demasiada pasión, se está derramando mucha adrenalina y están corriendo muchos insultos en esta etapa preelectoral.
Apuntes preelectorales
Apoco más de dos semanas de las elecciones de "emergencia" que vive el país, quisiera compartir algunos apuntes preelectorales.
“Prado común hierba corta”
El viejo adagio castellano que reza “prado común hierba corta” se aplica a las cárceles bolivianas que se las dan de “correccionales”.
Las amenazas del MAS
Cómo no quisiera escribir sobre novelas, viajes, restaurantes, teatro, sobre las Magníficas, sobre tanta cosa bella que existe en el planeta y en todos los rincones de nuestro territorio,