Hay demasiada pasión, se está derramando mucha adrenalina y están corriendo muchos insultos en esta etapa preelectoral. Que haya pasión no debe asustar a nadie, es una necesidad de la política, pero que existan muchos adjetivos es lamentable, porque esa será una traba para futuros diálogos políticos en el futuro. Como todos logran percibir e intuir, ningún candidato tendrá una victoria muy cómoda en las próximas elecciones, para nadie será fácil gobernar si es que se mira al otro como enemigo, si se sigue en esta lógica de descalificación del adversario. De una vez debemos entender que las elecciones, sus resultados expresarán lo que es Bolivia: muchos mestizos, cantidades muy grandes de cholos, populares y pitucos, sectores indígenas, empresarios, clases medias de todo tipo, cambas, collas, chapacos. Y todos ellos deben convivir y ser respetados en nuestro país. No se trata que hayan candidatos que defiendan sólo a una región o que intenten representar a una parte del país. Todos están obligados a abrir los caminos de la viabilidad de todos los actores, de toda Bolivia.
Si es así, de lo que se trata es de cambiar los discursos de negación del otro y de asumir las normas de la democracia, eso implica aceptar y respetar a otro; y en política dejar gobernar al otro. No es democrático que si gana Evo Morales se hable desde ahora de desestabilizarlo a través del sistema bancario, con estrategias empresariales que lo perjudiquen, con Parlamento y prefectos ligados a Podemos que lo cerquen políticamente. Eso simplemente no es democrático. Y, además y fundamental, no favorece al país, pues le crea inestabilidad e incertidumbre. Pero, si gana Tuto Quiroga no es democrático que la gente del MAS, que sus sindicatos allegados o las ONGs plegadas a él, amenacen con desestabilizarlo desde las calles, con la clásica movilización social, bloqueo de caminos y todas las tácticas de violencia que suelen desplegar los movimientos sociales. Si los candidatos entran a la disputa electoral es para respetar sus normas, si se pugna dentro de la democracia, es necesario aceptar sus leyes y no violentarlas si el resultado electoral no los favorece.
Desde ahora, desde muy temprano, desde antes que se produzcan las elecciones, es necesario demandar a las fuerzas políticas, a los sindicatos, a los líderes regionales, a los empresarios, que es necesario dejar gobernar a quien gane las elecciones. El país precisa certidumbre y estabilidad política; todo intento de desestabilizar a quien gane la elección no es democrático y conduce a perjudicar al país. La sana convivencia democrática exige no sólo ir a votar, no únicamente nombrar a candidatos, sino aceptar los resultados de la elección. El rol de una oposición política es fiscalizar al gobierno electo, pero no desestabilizarlo, no conspirar contra él, no tratar de cambiar al gobierno por la vía de la presión social o del chantaje político y económico.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
Realpolitik, la gran ausente
Pese a la creciente polaridad que acosa al país, los candidatos parecen empeñados en hacer creer que una importante votación a su favor o la aceptación de alguna modalidad de respeto a una primera mayoría electoral,
Apuntes preelectorales
Apoco más de dos semanas de las elecciones de "emergencia" que vive el país, quisiera compartir algunos apuntes preelectorales.
“Prado común hierba corta”
El viejo adagio castellano que reza “prado común hierba corta” se aplica a las cárceles bolivianas que se las dan de “correccionales”.
Las amenazas del MAS
Cómo no quisiera escribir sobre novelas, viajes, restaurantes, teatro, sobre las Magníficas, sobre tanta cosa bella que existe en el planeta y en todos los rincones de nuestro territorio,