El arquitecto pide que no se ponga su nombre “porque hay algunos conocidos que no saben de este oficio”, pero hacer de Santa Claus se le está volviendo una costumbre “buena”, dice. Con éste sería el tercer año.
Mientras espera a que le hagan la entrevista de rigor, recuerda que hace dos años empezó en el centro de la ciudad y sus ojos se iluminan al contar que el niño que más le impactó fue uno que se le acercó para darle un beso y le dijo que “eso es lo único que quería porque sus papás no tenían para regalos”. “De alguna manera esa es mi situación porque ante el desempleo fue la primera vez que hice de Papá Noel. Al sentir que daba un poco de alegría a los niños decidí seguir, así aseguro la Navidad de mi familia”, cuenta el arquitecto.