A sus cuatro escasos años Mateo no duda en prestar su ayuda para encontrar a Papá Noel y aunque no lo vio él asegura que el señor de los regalos estuvo en su casa la noche de Navidad del año pasado, y porque le dio miedo no le vio la cara ni le tocó la panza.
El niño veía al personaje todos los días, en la galería que administra su abuela, le parecía algo cotidiano y no le daba mucha importancia, hasta que el 24 de diciembre uno de sus tíos llegó a la casa con un estruendoso “jo, jo, jooo. Feliz Navidad”. Entonces, Mateo saltó de su silla y se instaló debajo la mesa.
Pese a que las cosas volvieron a la normalidad, él no se cansó de contar la inesperada visita y un año después proclama la existencia de Papá Noel y asegura que no se asustará y que lo recibirá.