Los narcóticos y los antidepresivos son el refugio cada vez más usado por un mayor número de iraquíes, sobre todo jóvenes, para enfrentarse a la violencia diaria, el desempleo y la inseguridad que reinan en Irak y evadirse, así, de la dura y cruda realidad.
“Es una plaga peligrosa a la que hay que hacer frente rápidamente antes de que se convierta en incontrolable”, afirmó el doctor Adnan Fawzi, subdirector del programa nacional iraquí de lucha contra la toxicomanía.
Fawzi explicó que las sustancias causantes de ese tipo de dependencia, especialmente los antidepresivos, “se compran por nada en las farmacias” iraquíes.
El número de toxicómanos en Irak no es muy elevado debido a los altos precios de drogas como la cocaína, precisó el responsable.
Sin embargo, “decenas de personas intentan comprar diariamente píldoras tranquilizantes”, explicó un farmacéutico que opera desde el centro de Bagdad.
“Conocemos a los que son dependientes y nos negamos a vendérselas”, añadió el farmacéutico, cuyo local se encuentra en una calle adyacente al barrio de Al-Battauin, considerado como el “feudo” de los drogadictos y alcohólicos de la capital iraquí.
Según Ali Rachid, médico del hospital Ibn Ruchd, especializado en psiquiatría y toxicomanía, los antidepresivos, al igual que las drogas, acarrean la marginación de sus usuarios en el seno de una sociedad conservadora.
Los consejos médicos significan poco para Alí, un joven de 18 años, para el que refugiarse en los narcóticos le permite olvidar sus problemas, flotar en otro mundo.
“Las insoportables condiciones de vida, tanto en la sociedad como en mi familia, me empujaron a buscar una escapatoria”.
Por su parte, el Ministerio de Sanidad, responsable de hospitales desbordados por las víctimas de la violencia diaria, intenta enfrentar el problema. Bagdad, EFE