Creo que el presidente Eduardo Rodríguez Veltzé es el primer mandatario que ha sido elegido “El Personaje del Año”, por una empresa periodística nacional. Me sumo con gusto al justo homenaje. Aquí no hubo ni adulación empalagosa, ni cálculos subrepticios de toma y daca. Ni la rectitud moral del Presidente ni la brevedad de su mandato hubiesen dado lugar a martingala alguna.
Al juez Rodríguez Veltzé le tocó asumir la presidencia del país sin él haberlo pretendido. La convulsión social que venía quitando el sueño y la tranquilidad al ciudadano común y las intrigas palaciegas derivaron en el derrocamiento de los presidentes Sánchez de Lozada y de Carlos Mesa. El sistema sucesorio de la Presidencia de la República, establecido en la Constitución, fue dando tumbos a causa de maniobras políticas, e incluso inexcusables violencias, hasta que la previsora Ley de Leyes entregó el mandato nacional al entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia. No podía haber caído en mejores manos. El presidente de la Suprema había dado testimonio fehaciente de un bien fundamentado sentimiento constitucional, así como de un equilibrio en la interpretación y aplicación de la Ley. Con la sabiduría del texto constitucional y las cualidades personales y profesionales del magistrado, ganamos un Primer Mandatario que nos devolvió la confianza en una Bolivia gobernable.
En efecto, tanto que se ha hablado y escrito sobre la ingobernabilidad de Bolivia, el hecho que comento me ayuda a pensar que Bolivia es gobernable. Sí, pero a condición de que la máxima autoridad de la Nación y quienes le colaboran, se atengan, por lo menos, a las ciertas condiciones: que el Presidente y sus segundos sean los primeros en dar ejemplo de cumplimiento de la Ley, que su actuación sea diáfana ante el país, que se comporten con sencillez fuera de la verborrea grandilocuente y huera, que sepan ejercer la autoridad legítima cuando lo demanda el bien común, que eviten la demagogia facilona y engañosa, y que combatan sin concesiones la corrupción. Sé que existen otras condiciones, pero me permito imaginar que, con las mencionadas, el perspicaz lector ya me ha entendido.
Dado que este artículo saldrá publicado el mismo día de las elecciones, es fácil deducir que el modelo que acabo de describir debería tener su efecto en los votantes a la hora de elegir a su candidato. Y precisamente por esto, repito las cualidades que debería poseer el aspirante por el que Ud. va a votar: apego a la Constitución y a sus leyes complementarias, hacer respetar la autoridad legítima frente a la agitación callejera y perturbadora de la paz social, no engañar a la ciudadanía con arengas y falsedades populistas, “tolerancia cero” para con la corrupción. Usted, perspicaz lector, sírvase agregar lo mucho que se me quedó en el tintero. Pero, sobre todo, no se deje embaucar por los vendedores de humo o prometedores de paraísos terrenales, sin trabajo y sacrificio de todos.
Está claro que la gobernabilidad no la garantiza sólo un buen Presidente. La gobernabilidad la hacemos o la reventamos entre todos. Hoy es precisamente el día para elegir al equipo que va a gobernar o desgobernar este país. ¡Hagamos bien las cosas!
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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