Manos, arte, yeso y cera se unen para crear los Niños de Navidad En Sucre, una familia cuenta su dedicación a la fabricación de imágenes que cada año nacen en los pesebres de varios hogares del país. Los niños tienen historia y tradición, algunos hasta hacen travesuras cada fin de año
La figura de la navidad • Al recordar el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, la tradición católica arma nacimientos como este de la Iglesia de María Auxiliadora en la ciudad de La Paz.
Los Pinaya heredaron el oficio de Alejandro Ortega, artesano y restaurador de niñitos y otras imágenes religiosas. La historia de esta familia de artesanos empieza hace 55 años, cuando Alejandro un conocido tallador de piedra en la ciudad de Sucre, viajó al Cusco, Perú, y se interesó en aprender a moldear los denominados "niños cusqueños". Esos conocimientos fueron transmitidos a sus parientes, entre ellos su prima doña Amalia Ortega.
Doña Amalia, de 62 años, repasa sus memorias y recuerda que a los siete años, ya estaba interesada en el arte de "hacer Niños". Calcula que ya desde 1965 iba a venderlos en el antiguo Mercado Central de la capital, por encargo de su tío Alejandro y a cambio de algunos pesos. Pasaron los años y ella formó su familia, contrajo matrimonio con Abraham Pinaya, padre de sus 9 hijos, cinco varones y cuatro mujeres, varios de ellos profesionales en distintas áreas, también de herederos de su habilidad artesanal.
La familia de 11 personas, sólo entre padres e hijos, además de 20 nietos, trabaja dedicadamente en el transcurso del año e intensifica su faena antes de las fiestas navideñas, para fabricar y componer figuras de niños de diversos tamaños, además de imágenes religiosas y santos.
La amable entrevistada se arregla los anteojos y empieza a explicar que el trabajo artesanal exige bastante dedicación y que "afecta a la vista".
Para fabricar réplicas de niños el primer paso es obtener las figuras de moldes especialmente diseñadas por la familia.
Las creaciones se hacen en base a "cera de castilla" y "pastina" (yeso especial), materiales a los que agregan otros elementos que forman parte del secreto artesanal de los Pinaya.
En el caso de los "niños de cera" la tarea empezó en marzo, cada pieza —cabeza, cuerpo y extremidades— de la pequeña imagen estuvo secando desde ese mes, "para que sea más durito", precisa uno de los nueve hijos que lleva el mismo nombre de su padre, Abraham.
Para los niños hechos con pastina la tarea es más reciente, fueron moldeados hace tres meses.
En cada caso, una vez obtenidas las piezas secas, "se van empalmando y después se refallan con cera o pastina, luego para que sea más finito ponemos otro material que sólo nosotros sabemos, así se mantiene entera la figura del niño", detalla orgullosa doña Amalia Ortega.
El trabajo en la parte de la cabeza es minucioso. A cada niño se le ponen ojos hechos con vidrio, una lengüita, pestañas hechas con pelo especial de vaca. Los cabellos son fabricados con yute en una especie de palillos que se acomodan sobre "una tutumita de madera".
Abraham, el hijo, aclara que las pestañas se ponen al final del trabajo y que no se tiñen. "Para un par de ojitos, las pestañas nos llevan todo un día; si el niño es moreno tiene pestañas negras, si es castaño buscamos el mismo color en el pelo de vaca".
"Bien moroso es y no es tan facilito como se piensa", expresa la señora de Pinaya, mientras señala el camino hacia su patio, donde otras imágenes de niños de mayor tamaño, están "secando".
Al retorno, retira de una vitrina un niño de cera acabado, y empieza a demostrar la calidad y prolijidad del trabajo hecho a mano. Redacción Sucre