Las travesuras y el cambio de niños son una tradición Recaudos • La costumbre manda que las imágenes del niño Jesús no se venden sino que son parte de un trueque, algunas son abandonadas.
El proceso creativo • En trozos de cera o yeso se va moldeando la figura de los niños, una tradición de la Navidad.
Alguna vez, ciertas personas no entendieron y acudieron a la casa de los Pinaya Ortega a querer "cambiar" figuras de Niños antiguas, quebradas o desechas por otras nuevas. Pero esto no se debe hacer así, explican doña Amalia y su hija Susana.
"La plata que recibimos no es de vender es de cambiar. Por ejemplo, si un marido compra para su mujer, él debe regalarle el niñito a ella, entonces vienen y nosotros le decimos: Te cambio, para conservar la tradición", indica la joven artesana.
Sin embargo, no todas las historias de los Niños acaban en composturas exitosas para retornar relucientes a las casas de sus propietarios. Según los Pinaya, alguna gente abandona a sus Niños y santos en su taller.
Otras personas recurren a ellos para depositar a sus Niños rotos aquellos que ya no tienen remedio. Entonces los Pinaya pasadas las fiestas de fin de año les dan una misa y luego los entierran en un campo santo.
Se sabe también que algunos fieles depositan sus "niños" en las iglesias, de donde otra gente los recoge "y cueste lo que cueste los hacen arreglar", cuenta Susana.
El padre de familia, Abraham está dedicado a este arte desde hace mucho, igual que su esposa. Su apego a la artesanía religiosa se desarrolló desde cuando vivía el cardenal Clemente Maurer, el primero en Bolivia. El sacerdote le encomendó algunas obras.
Pero el hacer y componer Niños genera muchas historias y Susana se disputa con su madre contarlas. "Había un señor que trajo mal el dedo de su Niño, y cuando me ha mostrado el de él, su dedo estaba chueco, igualito a su niño", relata la joven.
"Todos los años en Navidad nos hacen llorar, a veces colocamos bien y pegamos sus dedos, al rato vemos y se ha caído. Los Niños quieren que estemos ahí, media hora agarrándoles su dedo. Tienen sus caprichos y hay que cumplirles", agrega.
Abraham, el hijo de doña Amalia, asegura que "depende del Niño, hay unos muy traviesos, algunos a veces nos hacen muy difícil combinar su pintura porque nos cuesta sacar el mismo color que tienen, en otros combinamos bien y más rápido".
En cuanto a las historias, Susana cuenta que “hay una señorita que dice que su Niño nunca está en su casa para el 24, en la Nochebuena, por alguna razón el Niño no pasa allí, o está arreglándose, o le pasa algo, pero no lo tiene; ella llora por su Niño".
Doña Amalia se refiere a la tradición de ponerles ropita o algo nuevo cada año. “Siempre se les regala, un zapatito, un juguetito, como a un niño de verdad". Redacción Sucre