Se escriben estas líneas cuando no ha concluido todavía esa película de suspenso en que se convirtieron nuestras elecciones presidenciales. Seguramente que hasta mañana martes el escrutinio de la votación habrá avanzado ya lo suficiente como para marcar el "End" del film: si Evo mandando a la lona a Tuto o viceversa. Pero todo hace presumir que el libreto no se agotará ahí, sino se engarzará a otros de epílogo tan incierto como el primero, independientemente de quien sea el que alce jubiloso los brazos en señal de victoria.
La segunda parte de esta película de suspenso comenzará con un conteo de 60 días ni bien el elegido se aposente en la silla presidencial del Palacio Quemado. Tal el plazo de tregua que se han fijado sectores revoltosos para que el gobierno nacionalice los hidrocarburos y convoque a una Constituyente de estructura corporativa. El emplazamiento corre específicamente para Evo Morales, pero es de suponer su carácter extensivo hacia Tuto Quiroga, en caso de que éste aparezca en aquella insigne poltrona.
Conste que, particularmente en Bolivia, inviste rigor extremo la disonancia entre el discurso preelectoral y la acción gubernamental sucedánea a la asunción del poder político. Sigue siendo bastante ostensible el abismo que separa a la propuesta programática de sus posibilidades reales de cumplimiento. Las claves para que así sea se hallan en el subdesarrollo signado de extrema dependencia que aún nos caracteriza. Nuestros ingresos nacionales son aún insuficientes como para prescindir del crédito externo o de la ayuda bilateral o bilateral en la cobertura total del gasto e inversión públicos en obras de desarrollo o infraestructura vial. Esta dependencia juega rol determinante en el señalamiento doméstico del rumbo a sujetar a las políticas de Estado.
¿Cómo y con qué erigir el puente para salvar el abismo citado? Esto no se hace con mera fraseología, en medio de banderas cromáticamente alusivas a los "ismos" de moda (neoestatismo, neopopulismo, indígeno-culturalismo, etc.) sino con desarrollo en una efectiva proyección de integración social y nacional. En otros términos, con mucha plata, la cual no se acumula en forma milagrosa, cual dádiva "pachamamesca", sino como resultado de políticas de Estado sostenibles, realistas e idóneas, que respecto al mercado internacional calibren los riesgos y tomen en cuenta las posibilidades reales de ejecución, sin perder de vista en momento alguno que en el mundo de hoy ningún país va a ninguna parte si no logra una provechosa inserción en el mercado regional o internacional. Si no, pregúntesele a esa China que tiró por la ventana el acerbo dogmático de Mao, qué hizo para alcanzar su actual y destacado rol en la economía mundial.
Pero al tema en cuestión el film agrega otro capítulo de suspenso que se asocia a la reacción gubernamental sucedánea a la tremolina callejera que podría estallar cuando concluya el conteo de 60 días de los que creen representar a los 9 millones de personas que tiene este país.
¿Restablecerá el poder político el principio de autoridad? ¿O alzará las manos con tal de seguir en el poder, tal como se hizo en el pasado inmediato, haciendo lo que la presión callejera quiere que se haga?
Podríamos agregar varios capítulos de suspenso de esta película de largo rodaje e impredecible final que es la política en Bolivia, pero el espacio nos queda corto. Sólo nos limitaremos a hacer votos porque en los tramos referidos hayan más venturas que desgracias. Para el país, se entiende...
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
Pausa navideña
El año que poco a poco viene finalizando ha traído consigo una serie de sobresaltos. Desde las movilizaciones sociales que en reiteradas oportunidades colocaron entre la espada y la pared al gobierno de turno
Palabras
Ya saben que los discapacitados quieren llamarse discapacitados en vez de disminuidos. Me parece muy bien, aunque no sé si me gusta más el nuevo término. Para mí un disminuido es una persona que tiene disminuida alguna capacidad física o mental en mayor o menor grado.