Si bien el escenario preelectoral permitía prever un triunfo del Movimiento al Socialismo, ninguna de las predicciones —posiblemente ni siquiera la expectativa del propio Evo Morales— establecían la posibilidad de una mayoría absoluta, y menos aún de una distancia tan importante e incuestionable con el segundo competidor.
Lo llamativo de esta elección, más allá por supuesto del nuevo escenario político y la futura configuración gubernamental es, por ahora, el resultado de los comicios. Se trata de una votación ciertamente inédita en la democracia reciente del país, las más altas mayorías las obtuvieron la UDP en 1980 y el MNR en 1993 con poco más del 34% y 33% respectivamente, pero además, la votación nacional se encontraba fuertemente dispersa en varias opciones que lograban entre el 15% y 20%, la reciente elección nacional ha tendido a concentrar la votación en los dos primeros. Por otra parte, la elección presidencial en segunda vuelta en el Parlamento se convirtió en una rutina imprescindible, que será esta vez interrumpida.
Las señales que no se pueden dejar de ver en esta elección se sintetizan en la necesidad de un cambio. El voto por la transformación de las actuales estructuras económicas, sociales y políticas es absolutamente claro y ha sido encarnado en esta elección, en la persona y el programa de Evo Morales, por supuesto es al mismo tiempo, un voto de rechazo al sistema vigente y a quienes han conducido la política nacional las últimas décadas. Este rechazo y necesidad de cambio ya habían manifestado en el país de manera muy clara desde el 2000 con la guerra del agua, y en los sucesivos conflictos que vivió el país, desde entonces que involucró la destitución de dos Presidentes de la República y precipitaron un proceso electoral adelantado; y que en esta coyuntura electoral, se han expresado a través de las urnas. Quizás esta expresión institucional del cambio sea el principal valor de la democracia que se ha puesto de manifiesto en la reciente votación.
Pero es también un voto por la inclusión. Amplios sectores campesinos e indígenas en el campo y las ciudades se han mantenido por decenios al margen del Estado, y a través de esta elección han buscado viabilizar una representación directa así como su presencia en el Estado. Estas señales deben ser asumidas con mucha responsabilidad por el futuro gobierno, pero también por la sociedad en su conjunto, empresarios, líderes políticos, medios de comunicación, organizaciones sociales y ciudadanos pues trasciende en mucho las meras afinidades o discrepancias respecto del MAS o su líder principal.
Por estas razones, más allá de la contienda electoral y de sus ganadores, se deben leer los temas estructurales que se encuentran en los actuales resultados electorales y actuar en consecuencia, buscando plasmar esta realidad en la construcción de un nuevo ciclo histórico más participativo, incluyente, pero al mismo tiempo en los marcos del fortalecimiento de la democracia y la institucionalidad. La historia avanza por ciclos y esta coyuntura expresa de manera clara la culminación de un ciclo y el inicio de otro que aún no tiene forma definida aunque sus elementos constitutivos se encuentran circulando y precisan ser adecuadamente encaminados.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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