Aunque existen otras razones, buena parte del triunfo contundente de Evo Morales hay que atribuirlo a que se trata de una desesperada reivindicación de la pobreza. Es el producto de la angustia de seguir viviendo en medio de grandes limitaciones, cuando en este tiempo de tantas sofisticaciones sólo una pequeña minoría disfruta de sus bondades.
No es que no se hubiera hecho nada por reducir la pobreza, ahora que está burbujeante la euforia popular es necesario recordar que en 1976, el 85,5% de la población boliviana era pobre, en 1992 fue del 70,9% y, en el 2001, cuando se realizó el último Censo Nacional, era del 58,6%. Hubo, entonces, en 20 años, una disminución de la pobreza del 26,9%. Pese a este avance, la brecha sigue siendo muy ancha y no es posible seguirla tolerando.
Por tanto, el mayor reto de Morales será luchar contra la pobreza desde todos los frentes. En el terreno de la educación existen progresos, pero queda aún mucho por hacer. El caso de la salud es el más acuciante, en el campo virtualmente no hay atención médica, por falta de profesionales y la ausencia de centros de salud. A la vez, la exigencia mayor es mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los campesinos. Por último, tienen que desaparecer los cinturones de pobreza en las periferias de las ciudades y, al mismo tiempo, acabar con los niños de la calle. Basta ya de ver trabajando a niños que deberían estar en la escuela o participando de los juegos infantiles.
Otro apunte que hay que hacer es que el triunfo de Morales no es producto de la generación espontánea. Sus antecedentes históricos son la Revolución Nacional de 1952, el gobierno de la UDP de 1982-85 y la Participación Popular de 1994. En la primera se dieron el voto universal y la reforma agraria, el segundo se frustró por la ceguera del anarco-sindicalismo y, la tercera, hizo despertar el poder rural.
En cuanto al resultado de las elecciones del domingo, la victoria de Morales se cimentó en un 53,9% con el voto rural y el 49,3% con el urbano. Esto implica que hubo una consonancia entre el campo y la ciudad para conferirle al líder del MAS el poder necesario para que lleve adelante una revolución en democracia. Así, tendrá que ser cauteloso con todo lo que haga, a fin de conciliar las expectativas de unos y otros.
El gobierno de Morales heredará una situación económica estable y con grandes perspectivas de alcanzar mayores niveles de crecimiento. Todo dependerá de la prudencia y responsabilidad con que maneje las distintas variables de la economía. Algo que, además, deberá hacer es reducir los elevados gastos fiscales, de lo contrario no tendrá margen para aplicar planes económicos y sociales de su programa.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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