Estando todos con el ánimo de mejorar precios de exportación cabe examinar si son reales las posibilidades de cumplir lo prometido. Sobre las elecciones pasadas resmas de papel se están escribiendo por politólogos, cientistas políticos, observadores, comentaristas y toda otra serie de personas versadas en estos temas políticos.
Los resultados han sido contundentes, pero no obstante la polarización de posiciones que se fue produciendo a lo largo de la campaña, es interesante anotar que, habían ciertos aspectos en los cuales, las principales fuerzas en pugna tenían coincidencia. Uno era explícito, se ofrecía mejorar los precios del gas que se exporta al Brasil y Argentina. Otros eran implícitos, el potenciar YPFB y no disminuir la participación del 50% lograda con el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH).
Estando todos con el ánimo de mejorar precios de exportación cabe examinar si son reales las posibilidades de cumplir lo prometido y algunos de los efectos que pueden esperarse. Desde hace más de una década, el consumo de gas ha ido creciendo en mayor proporción que del petróleo. Esto se debe a dos factores fundamentales. El gas es un combustible menos contaminante que el petróleo y las reservas. Cada año se descubren mayores reservas de gas que de petróleo. Año que pasa, las reservas de petróleo muestran menos tiempo de duración frente al consumo, en cambio con el gas es la inversa. Se consume más gas, pero las reservas que se descubren muestran que ese consumo puede ser satisfecho por más años que lo que se pensaba el año precedente.
Lo anterior explica en gran forma el incremento sostenido de los precios de petróleo. Pero, ¿cómo se tranzan esos precios? Por la relativa facilidad de transporte del petróleo, este producto puede llegar a todos los confines del mundo y el precio se establece en pocos puntos del planeta, en casi un libre mercado, e inclusive se cotiza en las bolsas de valores. El petróleo es un "commodity" con precios internacionales. Con el gas no sucede lo mismo. No existen cotizaciones internacionales del gas, éstos son establecidos regionalmente en localidades a las que confluyen muchos gasoductos que llevan la producción de los campos productores y se distribuye a los mercados consumidores. Estos puntos o localidades se denominan "gas hubs". En Europa existen unos cinco y en EEUU de Norte América más de una decena por ser el mayor mercado del mundo. De todas maneras, existe un acoplamiento entre los precios del petróleo y del gas. Se elevan los primeros y con rezago también suben los precios del gas. Como una regla muy general, basada en las equivalencias energéticas, la relación es más o menos 6 a 1. Seis mil pies cúbicos de gas (MPC) valen aproximadamente el precio de un barril de petróleo. Así, tenemos que con petróleo entre 50 ó 60 dólares por barril los "gas hubs" mencionados registran precios desde 8 dólares hasta 14 dólares por MPC.
En nuestra parte del mundo, el Cono Sur de Latinoamérica, no existen "gas hubs". Lo más parecido y probablemente lo sean en el futuro, son Río Grande en Santa Cruz o Yacuiba en Tarija por donde pasan los ductos de exportación y confluyen los de producción interna. Por tanto, el precio del gas se establece cada trimestre por una fórmula acordada entre YPFB y Petrobras en 1996 para toda la vida del contrato de compra y venta. Este mismo precio, según se me informa, también está siendo aplicado a las ventas a la Argentina. La mencionada fórmula parte de un precio base de 0,90 centavos de dólar/MPC que es modificada por los precios de una canasta de precios de fuel oils para así recoger las variaciones de los precios internacionales del petróleo. La fórmula funciona, pero la reacción es lenta y tiene factores que amortiguan las variaciones de los precios del petróleo. Lo neto es que el precio de exportación recién está cerca de los 4 dólares/MPC. cuando los precios en todos los "hubs" están cerca de los 10 dólares/MPC.
Por otro lado, no se debe ignorar que la situación financiera de YPFB que se pretende potenciar es precaria. La Ley 3058 eliminó a YPFB de la participación en el 6% de la producción que gozaba anteriormente. Por tanto, el presupuesto de YPFB está en los hechos a merced del TGN. Las necesidades acumuladas y las expectativas y promesas eleccionarias hacen suponer que la mano del TGN no sea muy generosa con YPFB. El otro rubro de ingresos está previsto en los borradores de contratos que este gobierno ha entregado al Congreso. En todos esos modelos de contrato, 50% de la producción pasa al Estado vía regalías, participaciones e impuestos. El restante 50% deberá ser negociado por YPFB con las compañías que firmen estos contratos con una porción para YPFB y otra para las compañías. Por tanto, si se logran mayores precios de exportación ese 50% también crece en términos absolutos de dinero haciendo la futura negociación de YPFB más fácil y más atractiva para las empresas. Obviamente, el TGN y las regiones saldrían mayormente beneficiadas.
Finalmente, todos los esquemas propuestos para reemplazar el gas boliviano con el de Camisea y/o Venezuela muestran que ese gas llegaría a Brasil y Argentina a precios substancialmente superiores a los que actualmente cobramos a esos compradores. En gran síntesis, la apetencia por gas es mundial, no sólo regional. Los precios que se registran en todas las latitudes del planeta son superiores a los que percibimos. Cualquier aumento de los mismos beneficiaría al Estado y las regiones, ayudaría a potenciar YPFB y podrían hacer más atractivos los posibles futuros contratos. Entonces señores, manos a la obra.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero, fue superintendente de Hidrocarburos.
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