La lista de las primeras medidas hasta ahora anticipadas del próximo gobierno de Evo Morales es larga, por lo que parece oportuno pasar revista a algunas de ellas para saber qué escenario nos espera en el próximo tiempo. Empecemos enlistando dichas medidas en el campo económico: Nacionalización de hidrocarburos, eliminación de gastos reservados, reducción de sueldos en el sector público, aplicación de un impuesto a la renta personal, prohibición de importaciones, supresión de la libre contratación, licitación del Mutún y no al TLC. Una lista que nos da tres señales evidentes: fin del neoliberalismo en el intercambio comercial externo y en el mercado de trabajo doméstico; austeridad en la gestión pública y recuperación del control de los recursos naturales por parte del Estado. En esta nota nos concentraremos en la primera señal.
¿Qué efectos podemos anticipar ante estas medidas? En el plano comercial, puede preverse un encarecimiento de los productos importados en Bolivia, situación que afectará a los productos que sean objeto de la prohibición. El efecto benéfico sólo podrá ser cosechado por aquellos sectores productivos que compiten con la producción importada. Alimentos y textiles serán los principales y acaso únicos beneficiados. Si el efecto neto es positivo o negativo dependerá, entre otros, de la capacidad de luchar contra el contrabando y de incrementar la producción doméstica en los rubros prohibidos. Que la economía campesina se beneficie con la prohibición de importar alimentos es dudoso, toda vez que buena parte de su producción es para el autoabastecimiento y que su capacidad de crecer es limitada. Si agregamos a ello la conducta Chayanov, según la cual el campesino busca reducir su jornada laboral por hallarse extremadamente prolongada, entonces puede anticiparse que el incremento en los precios de los productos sujetos a la prohibición de importar conducirá a reducir la producción, puesto que con jornadas laborales menores ya podrá superar sus niveles de ingreso. Para evitar este desenlace, es crucial no tomar medidas aisladas. En el caso del sector textil la prohibición de importar ropa usada puede ser beneficiosa, siempre que se frene el contrabando, se promocione a las industrias textiles y se incorpore a los comerciantes de ropa usada en este circuito. La apertura comercial externa también sería crucial.
En el caso de la supresión de la libre contratación, el efecto principal será prescindir de servicios laborales que se hallen sujetos a alguna normativa que no pueda ser satisfecha por los demandantes de mano de obra. Ello vale para distintas disposiciones, tales como salario mínimo, prohibición de despedir a los trabajadores u otra disposición que impida reaccionar con relativa flexibilidad ante las oscilaciones coyunturales que afectan la vida económica. El efecto puede ser muy perjudicial para quienes buscan trabajo, toda vez que existe desempleo abierto y subempleo en una gran parte de la fuerza laboral boliviana, carente de otras oportunidades de empleo. En esta temática es crucial establecer alianzas estratégicas con los empleadores a fin de intercambiar empleos más estables y mayores niveles de empleo por otras condiciones de ajuste. En suma, que el ajuste que sea necesario por cambios coyunturales o estructurales (tecnológicos, rubro de producción, etc.) no sea a costa del factor trabajo, sino a costa de otros factores.
*Carlos Rodrigo Zapata es economista.
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