Pese a la comidilla que provocó el atuendo del “jersey” del Presidente Electo en Europa, que al parecer ha ofendido a sus anfitriones, la visita ha tenido hasta ahora otros bemoles, al margen de logros en ayuda económica que no desmerecen en nada. Lo ideal en estos casos de transiciones es aguardar hasta que el nuevo Presidente empiece a gobernar para emitir opiniones. Pero si ese Presidente se lanza, sin tomar previsiones ni siquiera con su indumentaria, a tres continentes, el silencio no significaría otra cosa que dar por aceptada una conducta que puede gustar a los bolivianos que lo votaron pero que disgusta a otros.
Hay que partir de la ambigüedad oratoria de Evo Morales en cuanto a la nacionalización de los hidrocarburos, cuando dijo que nacionalizará pero que no confiscará las empresas. O cuando les ha dado garantías a Repsol y Total —también se las dio a Petrobras después de ver a Lula— expresando que son “otras” las que van a recibir el rigor áspero del nuevo gobierno boliviano. Nadie o muy pocos le han creído eso de la nacionalización innacionalizable, ni en la Moncloa ni en el Eliseo. Tampoco ha gustado en la Unión Europea la retórica obsoleta contra las inversiones y el “imperialismo”. Algo que en la década de los 60 hubiera calado hondo.
Ahora bien, aunque tal vez haya pasado desapercibido en Bolivia, el mazazo más fuerte que ha recibido el Presidente Electo, ha sido la advertencia que ha recibido en Europa con su anuncio de la despenalización de la hoja de coca. Ahí sí, sin más vueltas, Javier Solana, alto representante de la UE, le ha dicho que es necesaria una “clarificación” sobre esa despenalización, que en Bolivia se traducirá en “catos” y más “catos” para los “narcos” del Chapare, además de archivar la Ley 1008, por supuesto. Eso, a los europeos, les ha dejado agrio sabor en la boca: como si acullicaran.
Así como esa incomprensible nacionalización innacionalizable del gas no se entiende, en lo que respecta a la coca, el ministro holandés de Asuntos Exteriores, le expresó a Evo Morales, en La Haya, su preocupación —la preocupación europea en verdad— por el futuro de la producción de coca, “indisociable” de la producción de cocaína. He ahí la madre del cordero que Evo Morales pretende burlar. Lo que sucede es que las ambigüedades y contradicciones en que cae el Presidente Electo se las aguantan en muchos lugares —en Bolivia sobre todo—, pero meterles los dedos a la boca a los estadistas europeos ya es otro cantar.
Los resultados de la gira de Don Evo ya se verán a su retorno. Pero, sobre formalismos necesarios, sería muy bueno aconsejarle al Mandatario que se vista como la gente y no como un vulgar sindicatero. Eso lo podría hacer el elegante y sobrio Víctor Hugo Cárdenas, por ejemplo.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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