Después del “chaqui” de las fiestas de fin de año decidí sentarme a escribir estas líneas para compartir con el lector algunas reflexiones que he venido realizando desde que ocurrió el masaso electoral del pasado 18 de diciembre.
Como les decía a varios amigos, ha sido un verdadero tsunami, ya que si bien muchos concebían una victoria de Evo, nadie se imaginó que sería de la magnitud que resultó ser (ni el propio Evo se imaginó, como él mismo lo reconoció hace unos días ante la prensa).
Es por ello que no lo he tomado como un evento electoral más en la vida democrática del país, sino como un verdadero fenómeno al que confluyeron varias vertientes.
Evo supo posicionarse como el único candidato para un verdadero cambio, ya que sus contendores de una u otra forma ya habían sido parte de otros Gobiernos, de modo que supo capitalizar la bronca popular hacia todo lo que tenga alguna relación con el viejo sistema político, aunque hubiesen habido candidatos como Tuto, que si bien participó del viejo sistema político, su formación no tiene nada que ver con el viejo estilo de hacer política.
Evo supo posicionarse como el símbolo del voto “anti-blanco”, explotando el tema racial en su favor. Lamentablemente en el Gobierno de Carlos Mesa hemos presenciado una confrontación racial y regional como nunca antes se había visto, lo que fue hábilmente capitalizado por Evo. Este es un tema sobre el que tenemos que trabajar con inteligencia, objetividad, prudencia y profundo espíritu patriótico, para que no se profundicen heridas y se alimenten odios y rencores contrarios a una pacífica convivencia y trabajo solidario entre todos los bolivianos.
Evo supo seducir a un gran sector de la clase media, que por temor a que un Gobierno de Tuto pudiese tener una debilidad en su legitimidad que haga reflorecer los conflictos sociales de los que amplios sectores de la población especialmente en La Paz y Cochabamba estaban cansados, decidieron su voto por Evo.
Y obviamente los que conforman ese gran aparato político que es el MAS, alimentado como nunca con recursos económicos de ONG de Europa y sobre todo los petro-dólares de Chávez, mostraron una disciplina en el voto, que no sólo contribuyó al triunfo de Evo, sino de decenas de Diputados Uninominales y de candidatos a Prefecto en Oruro, Potosí y Chuquisaca e hicieron tambalear a los que se consideraban imbatibles como Pepe Lucho en La Paz y Manfred en Cochabamba.
Lo cierto es que nos encontramos hoy ante un fenómeno electoral en la vida democrática de Bolivia, que ha concitado la atención mundial en los cinco continentes como nunca antes se había visto.
Las visitas de Evo a Cuba, Venezuela, España, Bélgica, Francia, China y Sudáfrica han sido y son objeto de gran cobertura por parte de la prensa internacional. Lo que me da pena como boliviano es que Evo hubiese preferido comenzar su gira priorizando ponerse a disposición de Castro y Chávez. No me opongo a que los visite, pero no en la forma en que lo hizo, enviando señales innecesarias a otros amigos de Europa y Latinoamérica. Hubiese sido mejor que inicie su gira visitando a los presidentes Lula y Kirchner, que además de ser sus amigos son presidentes de los países vecinos más importantes para Bolivia en la región, tanto por el volumen de comercio que tenemos con ellos (gas), como por su importancia geopolítica en el continente.
Son innumerables los temas por resolver, así como innumerables son las expectativas. Sólo espero que la prudencia y la racionalidad se impongan sobre el deseo ciego de venganza y actitudes radicales que sólo profundizarán heridas que el país necesita superar.
Si hay prudencia y racionalidad de parte del Gobierno, lo menos que puede haber como respuesta de la oposición es también prudencia y racionalidad.
*Tito Hoz de Vila Q. es senador electo por Cochabamba de Podemos.
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