Llegó un coche vacío y de él se bajó el gran mandatario. Nadie podrá hacer esa broma con Evo Morales. En lugar de camuflarse, Evo Morales va vestido de Evo Morales y al mismo tiempo de presidente electo de una democracia con NBI. Su jersey de lana a rayas de colores es un manifiesto, una proclama tejida contra la invisibilidad. Es un jersey NBI. Una clave sobre la que debería girar la política global. NBI: Necesidades Básicas Insatisfechas.
Hasta ahora teníamos, sobre todo en los países pobres, muchos presidentes FMI. Incluso suele darse la paradoja de que cuanto más pobre es un país, más FMI es el uniforme de su presidente.
En Bolivia ha habido unos cuantos presidentes FMI de los que nadie se acuerda, ni siquiera el FMI, pero el 70% de la población tiene NBI. Un gran país donde hay gente que recurre a la venta de órganos, ese eufemismo de “dono un riñón”, para sobrevivir. ¿Bolivia? ¿Bolivia? ¿Bolivia? Ahora, por lo menos tenemos un jersey de lana de colores en el mapamundi. ¡Ah, Bolivia! A Evo Morales lo están observando como a un extraterrestre andino.
No lo veían porque era demasiado terrenal, de Cochabamba y por ahí, donde no llegan las sofisticadas sondas que van a Marte. Las preguntas que algunos poderosos se hacen ante la imprevisible irrupción del jersey de colores parecen muecas de antropólogos ante el súbito descubrimiento de una especie desconocida: el género humano.
¿De dónde ha salido? ¿Es agresivo o no es agresivo? Alguno ya ha dictaminado que sí, que es agresivo. El que fue jefe de la diplomacia estadounidense para Latinoamérica, Otto Reich, ha establecido uno de esos sofisticados dilemas que caracterizan a los intelectuales en el poder en Washington: “El señor Morales tiene que pensar si quiere seguir insultando a Estados Unidos o si quiere beneficiar a su pueblo”. Las personas obligadas por su función a analizar el porqué de las cosas, deberían ahorrarse ese recurso cínico de confundir una pulla a Bush con una afrenta a la nación.
Deberían, alguna vez, hacer autocrítica por su ceguera durante tantos años y tratar de descifrar el significado de ese presidencial y democrático jersey de lana de colores, tejido con votos y necesidades básicas. Un respeto para esa calceta.
*Manuel Rivas de El País de Madrid para La Razón.
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