Vicente Fox ha dicho una frase que cualquier de los países vecinos de Bolivia quisieran poder repetir: que los bolivianos se coman su gas, ya que no lo quieren vender. A Fox habría que responderle, con la frase del Chavo del Ocho: es que no nos tienen paciencia.
Dice Carlos Fernández-Moya, en una columna de La Jornada de México: “Tiene razón Fox para estar enojado con Evo Morales en dos ocasiones le tiró abajo el negocio de reexportar el gas boliviano a Estados Unidos”. Es que a Fox tampoco le tienen paciencia algunos mexicanos.
Los potenciales intermediarios del proyecto GNL critican a Bolivia. Lo que los mexicanos dicen desde el extremo norte del proyecto, lo dicen los chilenos desde el extremo sur. Edmundo Pérez Yoma, en un libro con tono doctoral sobre su gestión de cónsul en Bolivia, señala que su país hizo todo lo posible por ayudar a que se concrete el negocio, pero que hay algunos países condenados a quedarse en la pobreza por voluntad propia. (Este aguzado observador dice que los bolivianos miramos al Perú con ojos de hermano menor.)
Lo cierto es que el gas boliviano está en el centro de un agitado debate. Brasil quisiera prescindir del gas boliviano, pero de los 37 millones de metros cúbicos que consume todos los días, 27 provienen de Bolivia. El consumo brasileño crece a una tasa anual de 10 por ciento y la Agencia Nacional del Petróleo (ANP) ha calculado que este año habrá un déficit de 20 millones de metros cúbicos y que en el año 2010 el consumo habrá pasado de 37 a 99 millones de metros cúbicos diarios. Para entonces, dice un optimista informe de Petrobras, del yacimiento de Bacia de Campos saldrán 12 millones diarios. Es decir que, en suma, Brasil seguirá dependiendo del gas boliviano, aunque en volúmenes crecientes.
El proyecto de traer gas desde Venezuela es muy improbable. Los ecologistas no lo permitirían. Pero es mencionado, con tono parecido al de Fox y su recomendación de una dieta rica en hidrocarburos para los bolivianos cada vez que argentinos y brasileños pierden la paciencia con Bolivia. Y la coherencia. El viernes pasado, mientras O Globo decía que Bolivia debía reconsiderar su postura de un mayor precio ante la posibilidad de que se concrete el gasoducto desde Venezuela, en Buenos Aires, el presidente Néstor Kirchner daba luz verde al gasoducto del norte, para comprar 20 millones más de gas boliviano por día, totalizando 27,7 millones.
El precio es un detalle complejo. Y es un dilema para Bolivia. En este momento, Estados Unidos paga por el GNL 9,76 dólares/millón de BTU. Si Bolivia enviara su gas a Estados Unidos, el precio en boca de pozo sería resultado del siguiente cálculo: 9,76 dólares menos 2,45 (costo del transporte), igual 7,31, que es el precio sobre el que se calculan los impuestos.
El precio en boca de pozo del gas que se vende a Brasil por el gasoducto es de 3,15 dólares (precio en Río Grande) menos 0,42 (costo del transporte): 2,73.
¿Cómo saber lo que pasará con el precio del GNL en el mundo? Algunos expertos dicen que seguirá subiendo, pero otros predicen una caída, cuando el gas ruso llegue a los mercados. Habrá que leerlo en coca.
*Humberto Vacaflor G.
es periodista
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