El cruce de palabras entre el presidente electo Evo Morales y el presidente mexicano Vicente Fox es un lamentable episodio que no debería repetirse. Son muchos los bolivianos y muchos más los mexicanos como para que se los envuelva en problemas no existentes que tienen que ver solamente con la personalidad de sus líderes.
Si el gas boliviano ha de llegar hasta México, o más allá, hasta Estados Unidos, lo dirá el futuro, pero sobre todo lo dirá el interés de Bolivia. Todo dependerá de los precios y de los costos, de lo que se podrá obtener el beneficio para Bolivia. Si el negocio supone costos demasiado altos de transformación y transporte, y eso supone una reducción en las utilidades de Bolivia, no se podrá realizar el negocio.
Para definir estas cosas no hacen falta improperios ni ofensas. El Presidente mexicano llegó a decir que los bolivianos tendremos que “comernos el gas si es que no lo exportamos”. Quizá él no sabe cuál es la realidad que se da en esta región de Sudamérica y quizá, además, él está algo molesto con los cruces de palabra que tuvo con otro Presidente sudamericano.
Otro factor que influyó para la molestia de Fox fue la invitación que cursó el gobierno electo del MAS a los líderes del Movimiento Zapatista de Liberación (MZL) a la ceremonia de asunción del presidente Evo Morales. Que se sepa, el MZL no es una organización proscrita en México. Y es de campesinos. Con un poco de comprensión, el presidente Fox pudo haber entendido que los campesinos bolivianos que acompañan a Morales querían tener a sus hermanos mexicanos en la ceremonia.
Las relaciones de Bolivia con México están mucho más allá del gas natural boliviano o de otras cosas y eso debiera primar antes que otros conceptos.