Curiosa y entretenida la gente del país y la que ha venido de fuera a raíz de la abrumadora victoria electoral del “originario” Evo Morales y, sobre todo, en estos días, por el festival de su doble investidura presidencial, la autóctona y la constitucional, no sería justo que pasara desapercibida la figura del Juez-Presidente, Eduardo Rodríguez Veltzé, cuyo breve pero bueno (dicen que dos veces bueno) -ejercicio como primer mandatario hoy termina con laureles.
La Presidencia de Eduardo Rodríguez pasará a la historia como una de las excepciones en que el país está al borde del caos, pero, al fin se salva. Situaciones límite provocadas por la acumulación de errores e injusticias de muchos y que, por reacción muy cuestionable, allanan el camino para que otros lleguen al poder en virtud de un doble juego, hábilmente manejado, a fuerza de marchas agresivas y de bloqueos violentos. Y, después de un paréntesis de paz, el incuestionable triunfo de las urnas.
Tras el último forcejeo para salvar la sucesión presidencial, le tocó la píldora al ilustre magistrado Rodríguez Veltzé quien demostró que un país de tradición política tan inestable como Bolivia, podía gobernarse bajo el imperio de la ley. Esta particularidad ha sido poco frecuente en países con una corta tradición democrática, con unas instituciones del Estado en situación catastrófica, unos partidos moribundos y con sus anteriores referentes en desbandada, una clase política en gran parte resabiada y unas masas populares tantas veces engañadas y tantas otras utilizadas como trampolín para caudillos demagogos. Pues sí: a pesar de tantas circunstancias negativas Rodríguez Veltzé demostró que Bolivia podía gobernarse gracias a una voluntad firme, serena y eficaz de cumplir y hacer cumplir la ley. Esta experiencia afortunada debería ser una lección para quienes recibieron la confianza de la inmensa mayoría ciudadana.
Insistiendo en el razonamiento, la observancia de la ley es la mejor garantía de esa gobernabilidad tantas veces prometida como tantas otras traicionada. Así, el mandatario saliente logró restablecer un equilibrio, por frágil que fuera, entre un Poder Ejecutivo apenas bien asentado y el anterior Congreso todavía resabiado por las viejas mañas. ¡Tan simple como eso!
El que a partir de hoy ha pasado a ser ex presidente, recibió el poder sin pretenderlo, lo administró sin sobrepasarse, esquivó intereses mezquinos, negoció rectamente y con cautela, venció obstáculos aparentemente insuperables, cumplió el mandato constitucional de llevar a cabo unas elecciones impecables y hoy entrega el mando sin añorarlo en una ceremonia calificada de histórica. Terminado el período excepcional de la Jefatura del Estado —tan sólo siete meses de ejercicio— retorna con gran dignidad a la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia.
Hoy asume la dirección de este país Don Evo Morales Ayma. Recibe un mandato cuyas incumbencias de mayor envergadura serán la Asamblea Constituyente y el Referéndum sobre las autonomías regionales. La ciudadanía tiene derecho a que ambas sean cumplidas con la rectitud cívica, el rigor jurídico y la solidaridad de un país que quiere vivir en paz bajo el imperio de la ley.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Los consejos al Presidente
El Presidente de Venezuela ha anunciado su intención de dar consejos al Presidente de Bolivia sobre el tema petrolero.
Ilustres visitantes
Hoy Bolivia está de fiesta, se inaugura un nuevo gobierno que promete cambiarlo todo, y como casi todos quieren un gran cambio, podríamos decir que estamos servidos.
El futuro llegó
Evo Morales es el primer Presidente indígena de Bolivia. Un país con vocación multicolor se está dando una oportunidad para ser feliz, ha iniciado una revolución en democracia. Ahora todo huele a nuevo y la esperanza casi se puede tocar.
Lo que no se debe hacer en economía
Tanto desde esta mi columna como a través de mi programa "Economía en Facilito", fui uno de los primeros en recomendar a la población que no retire sus depósitos bancarios,