Hoy Bolivia está de fiesta, se inaugura un nuevo gobierno que promete cambiarlo todo, y como casi todos quieren un gran cambio, podríamos decir que estamos servidos. Evo ha concitado la atención de buena parte del mundo, y su coronación ayer en Tiwanaku (la cual me ha preocupado un poco, porque algo me dice que, independientemente de lo sagrado, el lugar es un poco quencha), da para ser motivo fotográfico digno de ser reproducido en primeras planas, aún de allende los mares.
La variedad de visitas ilustres y su número es algo nunca antes visto, aunque claro hay quienes hacen más bulto que realce, pienso por ejemplo el presidente en exilio del antiguo Sahara Español, que con todo respeto, no es mucho más que el rey Pellinor, de las sagas arturianas. Tenemos también pesos pesados, y espesos, tal el caso de su Excelencia Bolivariana, visita de cuidado, que ya se portó mal la última vez que estuvo por aquí. Entonces, como estaba peleado con el presidente Lagos, expresó su ridículo deseo de bañarse en playas bolivianas, y colaboró con la estupidez local a armar un desencuentro con Chile de dimensiones mayores, ahora como está peleado con Toledo sabe Dios la cizaña que vendrá a sembrar con nuestros vecinos del otro lado del Titicaca.
Es de esperar que Protocolo de la Cancillería haya pasado una gentil y sutil sugerencia a la legación del país del exuberante visitante, para recordar que aunque su Excelencia haya fungido de padrino en algún momento, en esta fiesta él es sólo el invitado. De hecho, tal vez ayude a la no contaminación acústica, que el señor de marras se entere que aquí no gustan las grandilocuencias, ni las verborreas, que en el Ande se es más discreto, más parco, tal vez sería bueno, y no sólo para nosotros, que el que funge de maestro, ahora aprenda del alumno. Quienes siguen esta columna saben que Don Evo no es santo de mi devoción, pero al César lo que es del César, la ponderación, la discreción, y la dignísima humildad que ha demostrado el señor Morales en las últimas semanas, nos pueden llenar de orgullo a sus compatriotas, y pueden servir de ejemplo en casi todos los países sudamericanos que tienen vista al Atlántico.
La presencia del presidente Lagos es sin lugar a dudas la más interesante, primero porque con Chile sólo tenemos relaciones diplomáticas de facto, segundo, porque desde el 2004 hasta mediados del 2005 la diplomacia boliviana hizo todo lo posible por alejarnos aún más, y tercero porque la gentil, cariñosa
(así la calificó Lagos) invitación de Evo Morales, podría ser una señal de regularización de unas relaciones que deben ser fluidas y que no deben ser entorpecidas por un pasado que de tan lejano ya ni molesta. ¿Nos librará Evo del mar?
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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