Gracias a este estudio de grabación, los músicos bolivianos cuentan con un respaldo de garantía.
Javier Badani • Fotos: Edil Dávalos
Un quita vergüenzas...". El singular pedido puso en serios aprietos a todo el equipo de producción, que frenéticamente se sumergió en las licorerías paceñas en busca de una botella de whisky Jhonny Walker. Una vez que el costoso "quita vergüenzas" estuvo en sus manos, la cantante peruana Susana Baca de la Colina se desnudó los pies, pidió que se apagaran todas las luces del estudio y cobijada por la penumbra inició la grabación del tema principal de la película "Cuestión de fe", del cineasta boliviano Marcos Loayza.
La anécdota, que para el común de la gente resultaría extravagante, forma parte de las vivencias que a diario se entretejen en Pro Audio, un estudio que es considerado por muchos compositores e intérpretes nacionales como su segundo hogar. Después de todo, "quién mejor para canalizar las manías de un artista que otro artista", asegura con ironía el músico Óscar García, uno de los socios de esta empresa, que lleva ya más de dos décadas apostando fuerte por la producción musical de este país.
La música, más que un arte Pro Audio nació a comienzos de la década de los 80 y no fue un hecho casual. Entonces, las propuestas artísticas "alternativas" no hallaban eco en las empresas discográficas. Por eso, el músico Pablo Muñoz junto a uno de los primeros ingenieros de sonido que hubo en todo Bolivia, Sergio Claros, insufló vida al estudio de grabación.
Desde entonces, Pro Audio ha caracterizado su trabajo no sólo en base a las innovaciones técnicas, sino también en la constante búsqueda de la calidad estética. "No se trata de apretar botones... De cada canción hay que hacer una pieza de arte", asegura García.
Una de las primeras apuestas de Pro Audio fue la elaboración del primer trabajo de Coda 3, hoy Octavia. El desarrollo del casete "Día tras día" fue arduo, ya que en esa época no existía la grabación digital. Los productores trabajaban en cinta multipista y el proceso de edición sonora era artesanal: Cortando y pegando la cinta de forma manual, labor que actualmente es realizada por una computadora.
Rumillajta, Jenny Cárdenas y Cantos Nuevos —cuyo estilo no encajaba en el mercado de entonces debido al uso de instrumentos sinfónicos— están entre los primeros artistas que experimentaron en el nuevo estudio, que hoy produce, aproximadamente, una decena de trabajos discográficos al año.
"La llegada de Pro Audio fue un respiro para todos los artistas. Además, el sello marcó una nueva forma de relacionamiento, pues éste no es dueño del producto en su totalidad: El trato es de riesgo compartido", afirma Sergio Claros.
Hoy, el estudio profesional sigue acogiendo a los grandes innovadores de la música nacional como Llegas, Octavia, Lusmila Carpio, Ra Beat y Go Go Blues. Pero, fundamentalmente, el trabajo de Pro Audio se centra en los nuevos talentos de la música popular, autóctona y de la contemporánea. Así, Quirquiña, Wilkamayu, Camaleón, Oz, Llajtamayu y Zeth forman parte de la nueva camada de músicos que trabaja con la productora, que cuenta con dos estudios en Irpavi.
La inversión requerida para los que quieren iniciarse en la música es de, aproximadamente, 1.200 dólares. Con ello, el grupo paga la producción y en un lapso de tres semanas recibe unos 500 discos.
Hasta el momento, el trabajo que más gratificaciones personales ha brindado al equipo de Pro Audio es la elaboración de las bandas sonoras para videos y películas nacionales. Destacan: "Para recibir el canto de los pájaros" y "Los hijos del último jardín", de Jorge Sanjinés, y también todas las producciones de Marcos Loayza. Y la sola mención del cineasta paceño provoca una sonrisa en Óscar García.
"En una oportunidad, de manera mágica, (Loayza) hizo que dejara de sonar uno de los amplificadores y, de la misma forma, logró que volviera a sonar al día siguiente".
Anécdotas con tono propio Pero las historias no se quedan ahí, y una de las personas que cuenta con una infinidad de anécdotas es Bernarda Villagómez (33), la primera mujer boliviana en incursionar profesionalmente en el complejo mundo de la ingeniería de sonido.
"Tenía que grabar la voz de un cantante y no contaba con un filtro antipop —que se usa en el micrófono para asegurar la pureza del sonido—. Al final, me vi obligada a utilizar mi propia media panty", narra entre risas la profesional.
Sin embargo, lo que más llama la atención de Villagómez es la tendencia de los vocalistas a resfriarse o ponerse roncos justo un día antes de entrar a la grabación.
Con todo, "más complicados aún son los bateristas", interrumpe García, quien recuerda a un músico que después de iniciar una gran discusión en plena grabación abandonó luego el estudio. Por desgracia, el disco nunca se elaboró.
Pese a percances como éste, y a pesar de las pérdidas que causa cada año la piratería —el ranking lo lideran los productos de Llegas y Octavia, los grupos más conocidos—, el equipo de Pro Audio continúa apostando por la música nacional. Y en breve será el turno del disco de retorno de Rodrigo Villegas, que promete sorpresas.