En 1992, un grupo de jóvenes entusiastas decidió abrir un espacio cultural. Hoy se ha convertido en una plataforma del rock. Por su escenario pasaron los grupos que han escrito la historia de este género.
Miguel Vargas • Fotos: Jamil Chávez / Andrés Rojas / Archivo de Equinoccio
El sándwich de chorizo era la especialidad en Las Yolas, donde una señora vendía esta delicia en las puertas de un boliche de la calle Cañada Strongest. Dentro, el lugar ofrecía bebidas preparadas —al igual que los ´combos´ de hoy— y era el epicentro de la comunidad travesti de la ciudad. Y allí llegó un grupo de jóvenes que cambió el aspecto del lugar y construyó el boliche que hoy catapulta a los grupos de rock.
Periodista de profesión, Ricardo Zelaya Medina ha dejado el oficio para jugar entre la administración de boliches y la promoción de grupos. A sus 41 años está acostumbrado a tratar con gente más joven y no pierde nunca la jovialidad en el momento de conversar. Pero para hablar del Equinoccio, que cumple 15 años, acomoda las gafas y trae recuerdos fechados en 1992.
´El Equinoccio surgió de forma casual, no era un proyecto que apuntara a lo que hoy es. Las expectativas que teníamos eran muchísimo menores. Éramos varios socios, cinco o seis. Ninguno tenía mucha plata, por eso éramos hartos, y cada uno puso como mil dólares. Abrimos el primer local donde funcionaba antiguamente Las Yolas, un antro medio raro, oscuro, de onda pesada. Cerró por algún problema de la señora y, entonces, fue que lo puso en alquiler´.
Los amigos no estaban muy seguros de lo que querían poner, hasta que decidieron abrir un pub cultural. El nombre de Equinoccio salió entre muchas de las opciones que se barajaron, pues tenía cierta relación con la movida nocturna. Los muebles resultaron muy baratos y sólo tuvieron que alquilar un equipo pequeño de sonido por si algún grupo musical se presentaba.
El 2 de diciembre de 1992, Equinoccio arrancó como un boliche cultural que se abrió con una muestra de pintura de Mario Conde. Y esas paredes fueron testigos de veladas literarias y encuentros de teatro. ´Era un local pequeño, con capacidad para 40 personas´. Hoy, Equinoccio alberga ya a 300.
Al principio se produjeron los tropiezos normales de la gente que se mete en cosas que desconoce. ´Ninguno había administrado nada. Éramos una mezcla de estudiantes y profesionales sin ninguna experiencia comercial. Pero, el local fue bien recibido, por un público pequeño, pero leal´.
Un año se quedaron donde otrora funcionara Las Yolas. En 1993, Equinoccio se trasladó a la calle Belisario Salinas, entre 20 de Octubre y 6 de Agosto, donde la capacidad había subido a 200 personas. Ese primer crecimiento se debió al trabajo de Omar Zelaya, hermano de Ricardo. Allí fue donde se armaron conciertos grandes, con grupos como Wara, Altiplano, Black Jack y la Drago Blues Band. En esa época, el boliche no estaba muy conectado con la onda rockera y más bien se orientaba al canto latinoamericano. Emma Junaro, Jenny Cárdenas y Manuel Monroy eran algunos de los intérpretes que llenaban las localidades. Del extranjero llegaron Vicente Feliú (Cuba) y Lito Nebia (Argentina).
La cuna del rock Las velas apenas compiten contra los colores del juego de luces. El ambiente oscuro empieza a llenarse de ´changos´ con gorras de lana, capuchas, pantalones anchos y mochilas. Tatuajes, piercings y cabellos pintados comparten territorio con ternos y corbatas: No hay etiquetas para los amantes del rock de hoy. ¿Cómo es que llegaron a formar la esencia del ´Equi´?
Rondando el año 1997 se registró un bajón en la trova, la cual ya no arrastraba mucha gente. La misma propuesta del Equinoccio estaba desgastada, según detectó Zelaya. ´La única solución era el rock. El Socavón había cerrado y no había dónde congregar a la gente seguidora de este género´.
Se decidió entonces un descanso temporal y se cambió la decoración por una más rockera. Llegas y Octavia abrieron este nuevo ciclo.
Con el tiempo, más y más grupos fueron apareciendo, develando el inagotable número de músicos que cultivaba este género en la ciudad. El público cambió diametralmente. ´Cuando iban los antiguos reclamaban: \'Esto está lleno de puros changos\', decían. Pero el público se amplió simplemente porque había ya más jóvenes que bolicheaban´.
El lugar festejaba llenos totales cada noche cuando un día Zelaya notó que, cuando la gente saltaba, pasaba algo extraño. ´Se está moviendo la casa, parece que se va a caer´, les dijo a sus amigos. ´Estás nervioso, así siempre es cuando hay rock´, le respondieron. Dos semanas después, el ´Equi´ se cayó.
Un 23 de abril de 1998, a eso de las 13.30, la casona de la Belisario Salinas se derrumbó hasta la media calle. No hubo gente herida, pues los albañiles que trabajaban en la remodelación del piso inferior —trabajo que afectó los cimientos— habían salido a comer.
´Por suerte, nadie pasaba por la casa cuando apareció abajo parte del primer y segundo piso. Ahí estaban instrumentos, mobiliario y equipos. Esto nos obligó a buscar otro lugar. El actual sitio, en la calle Sánchez Lima, con mayor capacidad, nos hizo empezar de nuevo´.
En esta nueva residencia, Equinoccio logró afianzar su vocación. ´Si en el Socavón habían surgido los grupos más importantes del rock nacional, nosotros hemos dado una amplísima cobertura a grupos nuevos. En el Equi tocan entre 180 y 200 grupos diferentes al año. Además se ha desmitificado al rock. Había clichés como las drogas, las melenas y las motocicletas, pero en las \'marathones rock\' se ha abierto un espacio familiar, donde van los papás, los sobrinos y los abuelitos´.
Este evento anual, la Marathón Rock, se creó de forma también casual. ´A medida que se abría el espacio, se generó una sobredemanda de grupos que querían tocar. Se nos ocurrió entonces el Equinox Rock Fest. Se convocó a 24 grupos que querían actuar y se les propuso dar varios conciertos de tres en tres y de cuatro en cuatro, con un premio que era la grabación de un disco. Fue el 2000´.
El 2001 ya tuvo la primera Marathón Rock, un festival que ha ido creciendo. Hoy son entre 60 y 70 grupos los que tocan de martes a jueves durante el evento. El concurso se ha vuelto parte del movimiento rockero y de ahí han salido muchos de los grupos importantes del medio, como Deszaire, Quirquiña, Los Tocayos y Oz.
El futuro del ´Equi´ apunta a seguir creciendo. Con un año del Equi 2, una página web y la producción de discos, Ricardo es uno de los máximos promotores del género. Pero los cambios en el ´Equi´ no cesan y Zelaya plantea una nueva decoración que no tenga nada que ver con la vez que enrejaron el lugar, lo volvieron azul o lo llenaron de cómics. Aún hay muchas sorpresas para dar.