En Tiwanaku, mientras se festejaba con ritos andinos la llegada de Evo Morales a la Presidencia de la República, el peruano Ollanta Humala, una de las tantas personalidades invitadas a la asunción del mando, anunciaba a periodistas nacionales y extranjeros que en caso de ganar las elecciones presidenciales y llegar al Gobierno, ayudará a que los bolivianos ´tengan una salida legítima y soberana al mar´.
En lo personal, Humala se refería a algo que va más allá de una mera posibilidad. Las encuestas le muestran en constante ascenso en las preferencias político-electorales en la nación hermana. Algunas, incluso, le ubican por encima de la candidata presidencial Flores, dama que hasta hace relativamente poco aparecía como segura ganadora en las urnas. Se cree, además, que le beneficiará la onda emocional que tras la rotunda victoria electoral de Evo en Bolivia, recorre los más humildes estratos sociales de Perú y Ecuador, en los que la pobreza coincide con la pertenencia étnico-cultural. Esa onda favorece ahora a emergencias indígeno-populistas...
Así que debemos tomar muy en cuenta eso de que Umala nos ayudará a volver al mar en las condiciones que él puntualiza.
Pero conviene que el candidato a la Presidencia del Perú precise conceptos a fin de que tomemos en serio su proclama de adhesión a la vieja causa marítima boliviana. Al parecer, sobre el tema no tiene muy clara la película. Así lo insinúa el hecho de que simultáneamente opinara que ´el tema de la salida al mar es un tema bilateral entre Chile y Bolivia´.
Humala se equivoca de cabo a rabo. Es trilateral. El Tratado de 1929 suscrito en Lima entre su país y Chile, equivalió a candado de ´jure´ para nuestra causa marítima. En virtud de este acuerdo, Chile no puede llegar a definición alguna con Bolivia sin consultar previamente con Perú. O sea que las llaves del candado estarán en las manos del Gobierno que usted posiblemente presida.
Conste que a causa de esta posesión, básicamente, desde 1929 a la fecha, fracasaron todas las negociaciones bilaterales para llegar a un acuerdo con Chile. Así ocurrió en 1975 y 1987, durante los gobiernos de Banzer y Paz Estenssoro, respectivamente.
En cierto modo, la causa marítima boliviana asume también un rango multilateral. Atentos los asuntos en juego, como la seguridad y paz regionales, además de la necesidad de despejar el terreno sudamericano de cizañas adversas a la integración, comercial, primero, y política, después, en el tema tienen mucho que ver la OEA y las propias Naciones Unidas.
Para que lo tomemos en serio y valoremos en alto grado su adhesión a la causa marítima de Bolivia, Humala debe admitir que el asunto va mucho más allá de lo bilateral para alcanzar un rango trilateral con Perú y multilateral con el resto de la comunidad internacional. Pero, sobre todo, asumir públicamente que en caso de llegar a la Presidencia del Perú, se hallarán en las manos de su régimen las llaves del candado que el Tratado de 1929 puso a la causa marítima de Bolivia.
¿Humala rompería el candado? Ojalá que despeje esta interrogante.
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
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