La libertad de prensa es uno de los derechos fundamentales de la sociedad. Es similar al derecho a la vida, al derecho a alimentarse, al derecho a tener una familia. Pero la libertad de prensa no significa decir ni escribir lo que el periodista, el dueño del medio de comunicación o el vecino de la esquina quieran. La libertad de prensa es un derecho de la sociedad a estar veraz, correcta, oportuna, honesta y seriamente informada. Por ello, es una libertad regida fundamental y únicamente por principios éticos que tienen que ser el límite y marco en el que se desarrolla y deberá desarrollarse la actividad periodística. Que en nuestro país y en muchos otros existe una interpretación equivocada de lo que es la libertad de prensa y se la confunde intencionalmente o no con libertinaje y con la irresponsabilidad de utilizar esa libertad y los medios para defender intereses sectarios, políticos, comerciales, económicos o para difamar y calumniar, es absolutamente cierto. Es precisamente este uso arbitrario y nada ético de muchos medios de comunicación, lo que lleva a los afectados, de una u otra manera, a querer poner límites y reglas al periodismo, desde afuera.
Si el periodismo se encuadrara en su marco ético, si los periodistas y los medios cumplieran con la práctica y ejercicio adecuado de los principios fundamentales del periodismo, no se estarían promoviendo acciones destinadas a modificar sus conductas, a fijarles reglas, a evitar que digan esto o aquello que consideran incorrecto, porque no es cierto o porque lo dicho o publicado se ha manejado fuera de contexto o porque se lo ha escrito o dicho tergiversando la realidad o para llevar agua al molino comercial, político o porque, simplemente, hay en el medio o en el periodista el interés particular de hacer bien o mal a determinada persona, agrupación o sector. Es decir, porque se usaron o se están usando algunos medios con fines que no son los verdaderos fines del periodismo.
Estas situaciones son las que llevan a proponer desde afuera acciones destinadas a hacer que en los medios se practique un buen periodismo o a que se practique un periodismo que responda a intereses de todos y no sólo a los de unos cuantos. El intentar regular el periodismo desde afuera, chocará siempre con la reacción adversa de los periodistas y de sus instituciones. Pero es innegable que existe una imperiosa necesidad de una sólida, honesta y seria regulación del periodismo que tenga, además, la posibilidad de ser respetada, acatada y ejercitada por medios y por periodistas. Cada una de las organizaciones de periodistas —sindicatos o federación o asociaciones de periodistas o de trabajadores de la prensa— se ha dotado de un código de ética. El último que se conoce fue elaborado y aprobado por la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia en su congreso de Trinidad y que, como los códigos de todas las organizaciones periodísticas, establece su cumplimiento obligatorio por todos los afiliados. Sin embargo, son muy pocos los periodistas que lo cumplen.
Todos esos códigos comprenden los principios básicos del periodismo y han sido elaborados con la esperanza de que se conviertan en rectores del comportamiento profesional de los periodistas. Pero en la realidad, no es así. De ahí que se requiere urgentemente de una instancia, surgida de las propias instituciones periodísticas, con la capacidad de poner fin a aquellas prácticas alejadas del periodismo que tanto daño le están haciendo a este gremio y que ponen en riesgo la libertad de prensa. Se ha hablado desde hace unos años del Consejo Nacional de Ética. Ojala funcione rápida y eficientemente. Si todas las organizaciones del periodismo, incluyendo a los propietarios de los medios de comunicación, le otorgan su respaldo y su compromiso, esa instancia podrá cumplir una buena labor. La solución al problema de la utilización arbitraria de los medios está en los propios medios y en los periodistas. De lo contrario estarán expuestos a que siga aumentando la corriente y que finalmente, desde afuera se impongan reglas que no se las pudo generar desde adentro, con el riesgo que ello significa para la libertad de prensa.
*Juan Javier Zeballos es periodista.
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