Ha pasado el año de los precios más altos de la historia del petróleo y las empresas están contando sus caudales. La Exxon tuvo utilidades por 36.000 millones de dólares, la Shell por 23.000, Petrobras por un poco más de 10.000 y Repsol, sólo entre enero y septiembre, tuvo ganancias líquidas de 2.500 millones. Son montos que superan a los del 2004 en alrededor de 40 por ciento.
Pero las empresas están preocupadas. Cuando las ganancias crecen tanto, algo anda mal en el negocio, parecen decir. Y, en efecto, el Presidente de Estados Unidos acaba de proponer a su país un atrevido plan para acabar con la dependencia, con el hábito o directamente la adicción por el petróleo.
A pesar de haber sido petrolero en su juventud, con resultados desastrosos que su papito tuvo que cubrir, y a pesar de haber sobrevivido a sus nexos con la Enron, Bush lanzó el desafío para reducir el consumo y para que su país se libere de la dependencia de importar petróleo desde “regiones inestables del mundo”. Y la mejor manera de romper con la adicción es a través de la tecnología, dijo el Presidente norteamericano que más sabe seguramente sobre romper con adicciones.
Una enorme, una multimillonaria suma será volcada para alentar el cambio con el cual la mayor potencia del mundo, el país de mayor consumo de energía del planeta, se propone encabezar la marcha hacia el entierro de la era del petróleo. Hay que admitir que se han hecho esfuerzos parecidos, aunque no tan millonarios, en el pasado, con resultados pobres, tan pobres que en este momento el precio de la gasolina es el más alto de la historia de Estados Unidos y el causante de la caída de la popularidad de Bush.
De todos modos, el desafío está hecho. Ponerle fin a la dependencia del petróleo (y del gas) proveniente de regiones políticamente inestables.
¿Qué tienen que hacer los países que poseen reservas de hidrocarburos, cuando los amos de la economía mundial han decretado el fin de una era? Quizá no haya que preocuparse, porque el proceso será largo y apenas ha comenzado.
Bush calcula que hacia el año 2025 su país se habrá librado de la dependencia, por lo menos en 75 por ciento, del petróleo que ahora importa desde Medio Oriente. Es decir que dentro de 19 años Estados Unidos sólo comprará una cuarta parte del petróleo que ahora compra de esa región inestable del mundo.
¿Cómo les irá a las otras regiones inestables que, casualmente, son las que tienen reservas de hidrocarburos? Si Hugo Chávez sigue en la presidencia de Venezuela el 2025, quizá no pueda levantar mucho la voz a la potencia, suponiendo que para entonces Estados Unidos siga siendo una potencia.
La tecnología habrá avanzado mucho. Quienes la hayan creado la estarán vendiendo como pan caliente. Los autos usarán energía eléctrica producida, probablemente, en plantas nucleares, como ocurre ahora en Francia, aunque no todavía en Irán.
¿Qué hará Bolivia para entonces? Quizá esté vendiendo unos 150 millones de metros cúbicos diarios de gas a Brasil y quizá un poco menos a la Argentina.
Sólo el tiempo lo dirá. Por el momento, los hidrocarburos de todo el mundo han recibido un ultimátum de la potencia mundial.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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