La vieja costumbre boliviana es que el juramento del cargo de las autoridades se haga en nombre de Dios y de la Patria. Se entiende que el acto de jurar no es cosa banal: es poner a Dios por testigo de lo que uno promete. ¡Y se jura con tanta ligereza! El que jura por la Constitución, al asumir un determinado cargo, se le supone tiene el firme propósito de servir a la Patria, a la sociedad. Desde hace algunos años, se añade a la fórmula tradicional una frase religiosamente neutra que hace referencia a ´sus creencias´ (del que jura), en señal de ecumenismo, de la libertad religiosa del ciudadano y en consonancia con la aconfesionalidad del Estado boliviano.
A las palabras rituales, el juramentado solía, hasta ahora, añadirse el remedo de una cruz formada con los dedos pulgar e índice, y luego besarla al pronunciar ´sí juro´. Otra manera de jurar a un alto cargo, usado en otros países, es apoyar la mano derecha sobre los Santos Evangelios. Luego se introdujo otra variedad para agnósticos o no cristianos, consistente en colocar la mano derecha a la altura del corazón. No es mala esta sencilla variedad pues me cuesta imaginar cómo juraría un mahometano al querer formar la media luna con los dos dedos de la mano. (Y no caricaturizo para no caer en la maldición de la Mezquita) Peor aún, cómo juraría un judío tratando de diseñar la estrella de David con sus cinco dedos. (Tampoco es caricatura sino inocuo gracejo) El nuevo juramento a la moda se hace colocando la mano derecha sobre el pecho, cerquita del corazón para darle más cariño al acto, pero, al mismo tiempo, levantando al aire, amenazador, el puño izquierdo. A este ademán, se le agrega un rostro ceñudo y agresivo. Es el juramento revolucionario.
Con la cruz digital o la mano sobre el pecho o el puño izquierdo levantado, lo más comprometedor son las últimas palabras de la fórmula acostumbrada: ´Si así lo hicieres, que Dios y la Patria te lo premien, si no, que te lo demanden´. ¿Está el juramentado preparado para que Dios y la sociedad le demanden por sus incumplimientos?
Por último, llegó la moda alentada por Evo Morales, la moda del sincorbatismo y del ´jersey´ a rayas, incluso en las ceremonias más solemnes. Es una forma de iconoclastia social. Para muchos varones, el sincorbatismo es una cómoda liberación de las ataduras convencionales. Para los revolucionarios, el sincorbatismo es otro símbolo de inconformidad y de protesta contra el ´statu quo´ capitalista y neoliberal.
Pero, ¡qué lástima para muchas tiernas esposas a quienes hasta ahora les resultaba tan fácil regalar una pimpante corbata a su maridito! Menos mal que aún les queda la variada colección de ´jerséis´ presidenciales, ahora que se acerca el invierno. O también un elegante poncho colorido, ya que estamos tan ´originarios´. Los sastres deberán ponerse a tono con la moda. ¡Y fuera la importación de ropa usada! O regalar una pañoleta bien roja para demostrar que uno milita en la progresía.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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