Con frecuencia se escucha decir que Bolivia es un mendigo sentado en un enorme trono de oro. Lamentablemente, esta terrible verdad parece describir lo que es y lo que fue Bolivia en los últimos 180 años de su existencia. Las razones que explican esta dolorosa realidad son las siguientes:
Bolivia está sentada sobre 53 trillones de pies cúbicos de gas y, al parecer, no los quiere vender a nadie. Con esta inmensa reserva, Bolivia podría cómodamente proveer este carburante a precios razonables a todos sus habitantes, ampliar sus exportaciones a los países vecinos y propulsar 2 ó 3 proyectos de exportación, similares al fracasado proyecto de LNG a los Estados Unidos.
No hay excusa valedera para que los bolivianos no tengamos los mejores niveles de salud y educación del mundo, pagar buenos salarios, tanto a los maestros como a los trabajadores de salubridad, y construir la mejor infraestructura carretera del hemisferio. Lamentablemente, seguimos enredados en la misma retórica política y, hasta ahora, no podemos ponernos de acuerdo en una solución económica que nos permita exportar este importante recurso.
Por otra parte, los bolivianos creemos que esta inmensa riqueza gasífera se venderá por sí sola, sin ponernos a pensar que la explotación de este recurso requiere de cientos de millones de dólares de inversión, que el país no tiene. Hacemos lo posible por ahuyentar a los inversionistas extranjeros, con amenazas de inseguridad jurídica y con impuestos confiscatorios, que hacen de Bolivia uno de los países menos atractivos para la inversión internacional.
Asimismo, Bolivia está sentada sobre el depósito de hierro más grande del mundo, el depósito del Mutún, que, al igual que el gas, requerirá de cientos de millones de dólares de inversión, que el país tampoco los tiene. De seguir con el actual clima negativo para las inversiones y la permanente amenaza de elevar impuestos, nos será igualmente difícil atraer inversionistas serios para explotar estas importantes reservas metalúrgicas.
Bolivia también está sentada en el depósito de litio más grande del mundo, el Salar de Uyuni. Lamentablemente, las mezquindades que caracterizan siempre a los bolivianos, han impedido que el único comprador de este mineral, la American Lithium Corp., invierta en Bolivia, obligándola a desplazarse al Salar del Hombre Muerto en la República Argentina.
Sin embargo y tal vez lo más importante, Bolivia está sentada en una gran reserva turística (parques nacionales con la mayor concentración de flora y fauna en el mundo o recursos como la Amazonia, el Pantanal y el Salar de Uyuni) que, al igual que en otros países latinoamericanos, como Perú, Costa Rica y República Dominicana, podría generar 5 veces los ingresos que hoy Bolivia recibe por el gas. Sin embargo, esto tampoco podrá hacerse sin la necesaria inversión extranjera y/o los importantes ingresos provenientes de la venta del gas y del hierro del Mutún, que se requieren para la construcción de carreteras, aeropuertos y los respectivos centros turísticos.
Nadie en el mundo puede entender cómo Bolivia es un país pobre a pesar de toda su inmensa riqueza. Nadie en el mundo comprende cómo Bolivia mendiga de la cooperación internacional, inclusive para pagar los salarios de sus funcionarios públicos. ¡Qué lástima que Bolivia sea un pobre mendigo sentado en un trono de oro por la culpa exclusiva de los bolivianos!
*Juan L. Cariaga es economista y escritor.
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