Por las nuevas amenazas mundiales, lideradas por el terrorismo, se aconsejan cambios. La esperada reforma podría llegar el 2007.
De El País para La Razón • Fotos: AFP
El 22 de enero de 1506, hace 500 años y unos días, 150 mercenarios suizos al mando del capitán Kaspar von Silenen entraron en Roma por la Puerta del Pueblo y se presentaron ante el hombre que les había contratado: Giuliano della Rovere, pontífice de la cristiandad con el nombre de Julio II. Así empezó a funcionar la Guardia Suiza, el cuerpo militar más antiguo del mundo. Actualmente consta de más de un centenar de efectivos y sigue ocupándose de la seguridad personal del Papa, pero las dificultades de coordinación con el Cuerpo de Vigilancia del Estado (la policía vaticana) y las amenazas del terrorismo islámico aconsejan una reforma urgente.
Además, la Guardia Suiza sufre dificultades internas casi endémicas. Las investigaciones posteriores a los oscuros asesinatos del 4 de mayo de 1998, en los que perdieron la vida el comandante de la Guardia, su mujer y un vicecabo, pusieron al descubierto que la convivencia dentro de aquel grupo de supuestos monje-soldados no era nada fácil. La mayoría germanohablante discriminaba a los francohablantes. Los abatini (santitos), como se conoce a quienes se alistan por sus sentimientos religiosos, vivían en continua tensión con los rambos, más interesados en las armas y discotecas que en la propia oración.
Aislamiento en el cuartel Se tiende a olvidar que los mercenarios suizos viven en tierra extranjera. Llegan al Vaticano sin hablar italiano y buena parte de su primer contrato bienal transcurre en el gran aislamiento del cuartel.
Los testimonios críticos sobre la vida en el interior del ejército vaticano son escasos. En los setenta, un fotógrafo llamado Hughes de Wurstemberger logró enrolarse y documentar gráficamente la rutina cotidiana de la Guardia. Un poco más tarde, el cabo Bernhard Dura escribió, tras licenciarse, un libro durísimo contra el miniejército, titulado ´Ya no guardia, sino cristiano´, en el que explicaba que sus experiencias vaticanas le habían llevado hasta el protestantismo.
Los viernes y sábados por la noche, mientras tanto, es habitual toparse en ciertos bares romanos con algún grupo de guardias libres de servicio; en general son discretos incluso en la embriaguez (aunque alguno ha destrozado algún coche o se ha bañado desnudo en una fuente de Bernini), pero sus quejas más frecuentes se centran en la disciplina excesiva, en el aburrimiento y en la arbitrariedad de sus jefes.
Mandar sobre la Guardia Suiza implica mucho más riesgo que mandar sobre cualquier ejército convencional. El 4 de mayo de 1998, como ya se ha dicho, el recién nombrado comandante Alois Estermann y su esposa, Gladys Meza Romero, fueron asesinados por el vicecabo Cedric Tornay, de 23 años, quien acto seguido se quitó la vida. Ésa fue al menos la versión oficial, sostenida desde el primer momento como una ´certeza moral´ y refrendada por el Juzgado de Instrucción del Vaticano, pese a la abundancia de puntos oscuros a lo largo de un abultado sumario.
Estermann era un militar gallardo y cultivado, cuya carrera se había visto acelerada por su pertenencia al Opus Dei. El 13 de mayo de 1981, cuando Ali Agca disparó contra Juan Pablo II, Estermann fue el primero en saltar al coche y proteger al Papa con su cuerpo. Esa prontitud le valió muchos reconocimientos. Los hechos, sin embargo, demostraron también que la reacción de Estermann se produjo cuando Karol Wojtyla ya estaba herido, y que no existían precauciones reales cuando el Sumo Pontífice se acercaba a la gente.
En la plaza de San Pedro y en el resto de Roma, la seguridad del Papa recae en la Policía italiana. Dentro del Palacio Apostólico y en el resto del territorio vaticano, la gendarmería civil (130 efectivos) se ocupa del ´orden público´ y depende de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, mientras la Guardia Suiza, con 110 efectivos, se encarga de proteger ´con la propia vida´ al Papa y de efectuar desfiles y guardias de honor. El actual comandante, Elmar Mader, oficial del Ejército suizo y licenciado en Derecho, dice necesitar al menos 30 soldados más para cumplir su misión. Casi todos los vaticanólogos pronostican, para este mismo año o para 2007, una reforma de la vieja guardia papal.