El Presidente de la República ha dado una señal positiva a todo el país con su visita a Santa Cruz y su reunión con los empresarios privados. Pese a que no ha exhibido un programa de gobierno, que no lo tiene, ha quedado una sensación nueva, en sentido de que S.E. comprende que el éxito y la fuerza de su Gobierno no será tal, si sólo se concentra en el occidente de Bolivia, que, ciertamente, siempre ha sido su mundo.
Estaría bien que Evo Morales ensalce las virtudes de la coca, la justicia comunitaria, su religión, la tradición andina en general, si se siente parte de ella, como sucede en efecto. Pero eso sería válido para el dirigente cocalero o el jefe del MAS, no para el Presidente de la República. Porque el Mandatario dice representar a los bolivianos, entonces tendría que preocuparse por todos. Nuestra nación es muy grande, con gente diversa y costumbres y tradiciones distintas. Eso que llaman, de manera un tanto cursilona, “unidad en la diversidad”.
Podrán replicarnos diciendo que también los orientales deberían hacer un esfuerzo para comprender lo andino. Pues bien, Santa Cruz ha asimilado todo lo colla, desde la comida hasta las festividades, desde la “challa” hasta las “milluchadas”. Los picantes de gallina y conejo, las chicherías, las danzas, la virgen de Urkupiña, el gran Bolívar, todo eso ya es parte de la vida cotidiana cruceña. La votación que consiguió Evo Morales en Santa Cruz lo dice así. Entonces, es necesario que el gobierno etnoandino se aproxime al mundo camba, porque despeja la desconfianza y sobre todo alivia la incertidumbre en que se vive hoy.
Lo importante es que lo dicho por el Presidente en Santa Cruz sea sincero, porque una de las críticas que siempre se le han hecho ha sido el hábil manejo que tiene para utilizar el doble discurso. Y esa no es una cuestión metida en la cabeza de los cruceños, sino que se lo escucha por doquier. Que cumpla con la erradicación de la coca sin más vueltas; que hable claro sobre la Constituyente, la elección de sus miembros y el temario. Los norteamericanos, por ejemplo, insisten en las “señales ambivalentes” de S.E. en lo que hace a los hidrocarburos y la coca. Esa ambivalencia no puede continuar por mucho tiempo más, porque este Gobierno va a caer, como los anteriores, víctima de las presiones sociales, nada más que por falta de decisiones.
Tiene que definirse en su política exterior, buscando hacer efectiva la cooperación internacional que se le ha ofrecido. Tomar por las astas su vinculación con los EEUU —con el TLC concretamente— aprovechando que el presidente Bush ha enviado una señal amistosa. Olvidarse un poquito de su amigo Chávez, que está en un plan distinto, en una actitud de multimillonario de una “Venezuela Saudita”. Evo Morales sólo debe obrar de acuerdo a lo que interesa al país y a nadie más.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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