Unos 3,5 millones de haitianos están convocados a acudir hoy a las urnas para elegir un nuevo presidente y un nuevo congreso con un fondo de constante inseguridad, y de esperanza por dar fin a una historia marcada por 30 años de dictadura y 20 de crisis.
Casi dos años después de la salida al exilio del presidente Jean Bertrand Aristide, amenazado por una insurrección armada y abandonado por EEUU, Francia y Canadá, Haití sigue siendo un país herido y turbulento.
La transición enmarcada por la ONU fue caótica y la inestabilidad es la característica principal de esta pequeña república del Caribe, de fabulosas playas pero de relieve raso debido a una deforestación anárquica.
Cuatro veces postergadas, “las elecciones presidencial y parlamentaria tendrán finalmente lugar”, dice Vincent de Herdt, jefe de una misión de observación de los comicios por cuenta del instituto independiente Ifes.
Escasa participación, desorganización y confusión son los temores principales para los comicios. Haití tiene 4,5 millones de electores potenciales, pero sólo 3,5 millones están inscritos para ejercer el sufragio.
Esta ex colonia francesa fue dominada por la sangrienta dictadura de la familia Duvallier de 1957 a 1986 y desde entonces vivió una sucesión de crisis mezcladas con golpes de Estado.
Favorito de la carrera presidencial, el ex mandatario René Préval (1996-2001), de 63 años, podría ganar sin necesidad de la segunda ronda prevista para el 19 de marzo. Sostenido por la mayoría pobre, Préval fue premier (1991) de Aristide. Puerto Príncipe, AFP