Parece ser que la apuesta grande del gobierno de Evo Morales es la Asamblea Constituyente, ya que la economía del país está en un estado saludable y aprovechando la resaca de su victoria en diciembre pasado no podría encontrar mejor momento para diseñar una Asamblea y, por ende, una Constitución a la medida de sus deseos.
La primera y gran medida de estas tres semanas del nuevo gobierno fue la de bajarse los sueldos, una medida que no influye en nada positivo en la coyuntura de necesidades que tienen las mayorías más pobres de Bolivia, pero que en un público mayoritariamente ignorante se ve muy bien, porque la verdad nunca importó el sueldo del Presidente, sino más bien importa su capacidad de gobernar con visión de futuro, justicia y sobre todo con honradez, aspectos importantes que Evo Morales tendrá que demostrar al caminar.
Hasta el momento, y tal vez conociendo el plazo para modificar los contratos con las compañías petroleras que tienen inversiones en el país, no tenemos una política clara sobre el tema de los hidrocarburos. Durante la campaña se escuchó mucho del tema de la nacionalización, pero a medida que pasa el tiempo esta postura se ve muy difusa en el panorama de promesas a cumplir y las presiones internacionales que tiene que soportar el gobierno, el tiempo sigue pasando y en Bolivia eso no importa, total hemos esperado 500 años, podemos seguir esperando.
En el tema coca, el primer gran duelo entre el nuevo gobierno boliviano y el estadounidense servirá mucho para ver si cambiamos la intromisión gringa por la de Venezuela, pero todo parece apuntar de que siempre dependeremos de otros, sino pregúntenles a los cubanos que nos van a asesorar en el tema educación, pilar fundamental de un país y de un Estado.
Es por eso que dedicar todos los esfuerzos a encontrar respuestas a los problemas actuales de pobreza, desempleo, salud, caminos, etc., deberán esperar, ya que parece ser que la solución inclusive a la corrupción, el peor enemigo de nuestra joven y débil democracia, se verán resueltos en la Asamblea Constituyente, y por qué no, podemos apostar también a que la mediocridad a la que todos estamos acostumbrados en Bolivia vaya a cambiar también con la nueva constitución donde podamos incluir un artículo que prohíba la misma.
Creo que el nuevo gobierno, al haber aceptado a jugar con las reglas que tenemos debería mostrar señales claras a corto plazo, y luego de demostrar liderazgo y capacidad, preocuparse de temas de fondo. Esperemos que esta gran apuesta contemple a la democracia como pilar fundamental.
*Patricio Crooker es periodista.
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