La Cancillería, fuera de no dominar su oficio, indirectamente sugería que nos atuviésemos a las intrincadas maneras de las agencias. La Cancillería de Bolivia debe mejorar, entre otras cosas, su desempeño diplomático en el sentido de buscar la apertura de relaciones consulares con todos los países industriales y otros países emergentes, sobre todo en esta época en que las telecomunicaciones son inmediatas entre gente que se conoce institucional y/o personalmente.
El progreso de las telecomunicaciones ha hecho poco para dar por tierra con el sistema de pasaportes. Se trata de un documento arcaico que más estorba que otra cosa. Pero como está vigente es necesario que las instituciones que convalidan su uso existan, y trabajen, para el bien común porque de lo contrario se constituye en un escollo y hasta una imposibilidad de lo más incómodos y engorrosos para los que necesitan viajar.
En diciembre llamé por teléfono a la Cancillería para preguntar qué consulado en Bolivia se encargaba de emitir visas para visitar Australia y Nueva Zelanda… donde uno puede tener parientes y/o amigos. La respuesta de la Cancillería (ya sé que se trataba de una Cancillería perentoria) fue que Bolivia no tenía relaciones diplomáticas con esos países y que por lo tanto no había forma de conseguir visas de turistas, u otras, en Bolivia.
En otra llamada a la Cancillería se me dijo que “creían” que el Consulado de Inglaterra se encargaba de emitir visas de Nueva Zelanda. El Consulado de Inglaterra en La Paz respondió que ellos no emitían tales visas. O sea que la Cancillería, fuera de no dominar su oficio, indirectamente sugería que nos atuviésemos a las intrincadas maneras de las agencias de viaje para conseguir tales visas. Las agencias de viaje de Santa Cruz dijeron que tales visas se conseguían en los Consulados de Australia y Nueva Zelanda de Santiago de Chile, o de Lima, Perú; que los pasaportes y otros documentos tenían que ir en ¡valija diplomática!; que tal envío costaba 300 dólares; y que la respuesta se tardaría hasta un mes en llegar a Bolivia con el riesgo de que negaran la tal visa… y el sistema (o falta de él) se quedara con los 300 dólares.
Todo esto debería ser inadmisible incluso para un Gobierno boliviano interino como el que salió recientemente, menos aún para el actual que busca afianzarse.
Por otro lado, las páginas de internet Australia y Nueva Zelanda, respectivamente, ofrecen instrucciones que indican que los bolivianos tenemos que sacar la visa en Santiago de Chile. También dicen que no se compre el pasaje hasta que no se haya obtenido la visa, pero añaden en forma paradójica que para dar la visa se necesita una copia del ¡pasaje emitido! O sea que la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda, pero allá ellos con sus imperfecciones. El punto es que la Cancillería de Bolivia debería tomar cartas en el asunto ya que el público no puede hacer de cancillería ni mucho menos. Tampoco todo el mundo puede pagar 300 dólares por una incertidumbre. Se trata de una situación por demás de estulta que la Cancillería de Bolivia debe remediar no solamente en el caso de los países mencionados, sino con todos los países industriales y otros.
Las agrupaciones que cobijan al mundo del turismo, las agencias de viaje, las líneas aéreas y otras del sector servicios pierden dinero en la forma más tonta con las cosas como están. Yo creo que deben cabildear hasta que el Ejecutivo se despabile y actúe de modo que el turismo se afiance cada vez más.
Iniciar la negociación de apertura de consulados es una obligación del Poder Ejecutivo porque es obvio que Bolivia necesita más al mundo que el mundo a Bolivia. O sea que, en el caso de relaciones consulares con Australia y Nueva Zelanda, la iniciativa debe tomarla el flamante Gobierno a fin de ofrecer algo del buen servicio que se merecen los bolivianos, y muchos extranjeros que quieren visitar Bolivia.
Quizá esté bien elucubrar en torno a que los diplomáticos hablen los idiomas nativos de Bolivia, pero yo creo que es más urgente satisfacer en buen castellano las necesidades de visas y otros documentos consulares en una era que se globaliza cada vez más.
*Jorge V. Ordenes L. es economista y educador.
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