El debate sobre la licitación del Mutún lleva al incómodo tema del sistema tributario minero, incómodo para el ministro de Minería que es juez y parte. En este momento está justificando el aplazamiento de la licitación con el argumento de que las regalías son muy bajas, lo que seguramente lo pondrá en figurillas ante sus bases, los cooperativistas mineros, invictos en aquello de pagar impuestos.
Los habitantes de la Chiquitania y los dirigentes cívicos cruceños dicen que la licitación debe hacerse el 21 de este mes, porque ya fue aplazada una vez y porque las empresas interesadas podrían perder el interés. Seguramente ellos tienen informaciones diferentes sobre este tema, porque lo que se sabe de la demanda de mineral de hierro en el mundo es que crece al mismo ritmo que las economías de los gigantes asiáticos que están descubriendo todas las industrias con uso intensivo de acero. Solamente la China consume el 40 por ciento de todo el acero que se produce en el mundo, y está provocando escasez.
Como quiera que sea el equilibrio de la demanda y la oferta de productos siderúrgicos, habrá que saber si el nivel tributario boliviano es competitivo o no para atraer inversiones. Y saber hasta qué grado se puede aumentar los impuestos antes de ahuyentar a los inversionistas.
Un estudio hecho a pedido de una empresa minera internacional estableció que las regalías que se cobran en Bolivia no son ni las más bajas ni las más altas de la región: están debajo de Argentina, pero encima de Chile. Eso sí, el impuesto a las utilidades es el más bajo de la región. Claro, sólo para los que tienen la costumbre de pagarlo.
En esto de subir los impuestos, Bolivia está comprobando que hay casos en que se puede apretar la soga sin provocar la asfixia de los inversionistas, o su fuga. Las petroleras están aceptando, algunas a regañadientes, la aplicación del IDH, que se aplica como una regalía adicional. Las bravuconadas de algunas empresas, que llegaron a dar nombres de sus abogados en el exterior para los juicios a Bolivia, han quedado en nada.
La explicación es que el gas boliviano tiene mercado asegurado del otro lado de las fronteras, con niveles de demanda en crecimiento acelerado.
Bolivia tiene también la experiencia contraria. Cuando se quiso aumentar la presión tributaria a la Lithco, la empresa se fue a otro solar y a salar. La explicación: que la demanda de litio es muy baja, además de controlada por la propia Lithco.
Hay otros casos que confirman esta regla. Venezuela, que cobra una regalía baja, de 16 por ciento en unos casos y de 30 por ciento en otros, aplica 68 por ciento de impuesto a las utilidades. Por supuesto que las petroleras ni se van ni anuncian juicios: hay demanda y hay muy buenos precios. Brasil, que está en otra situación, cobra 10 por ciento de regalías y 32 por ciento de impuestos, según datos de Barrows Company publicados por The Economist. La Argentina cobra 12 por ciento de regalías, 35 por ciento de impuestos y aplica, además, una retención de 45 por ciento a la exportación.
Los argentinos llegaron al nivel de asfixia. Las empresas no están invirtiendo para encontrar hidrocarburos, y ese país está en la perspectiva angustiosa de tener que importar hidrocarburos.
Moraleja: para atraer inversiones hay que tener mucho cuidado.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
Poderes ilimitados.
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