Cada dos años, desde 1985, los descendientes de la familia Romero se reúnen en una gran fiesta, como lo hacían en los veranos de Puca Huasi en Sucre. Actualmente son 297 miembros.
Miguel Vargas S. • Fotos: Familia Romero / Jamil Chávez
Todo comenzó en un velorio. Un tío banquero llegó a La Paz desde Sucre para tratarse un mal, sin embargo falleció. Los pocos parientes que vivían en La Paz lo velaron. Y entre los caneladitos de la noche, fue surgiendo la idea de reunir a la familia. Así, Ana María Romero fue delegada como secretaria para la escritura de un acta que llegó a todos los rincones. Por su parte, los mayores en Sucre decidieron que cada dos años, la familia Romero se congregaría en pleno a través de un evento denominado Romeral.
Los descendientes de los seis hijos de Filomeno Romero Fernand y Clorinda Linares Toro, casados en 1893, llegan hoy a 297 individuos que cada dos años utilizan la última semana de noviembre para estrechar más sus lazos.
Esta familia —que se reparte en su mayoría entre Sucre, Santa Cruz, La Paz y Cochabamba— ha hecho desde 1985 que sus reuniones rememoren los largos veranos que vivían juntos en la hacienda de Puca Huasi, a 97 kilómetros de la capital chuquisaqueña.
Los veranos en Puca Huasi Los ojos de Freddy Romero Poveda, de 69 años, brillan cuando recuerda su infancia. Junto a su esposa Charo administra el restaurante Romeral en La Paz, donde los cerca de 36 miembros de la familia que radican en esta ciudad se reúnen con cierta periodicidad.
En la casa de los Romero en Sucre vivían tres familias completas que cada fin de año pasaban tres meses en la hacienda de Puca Huasi. ´Los mayores pasaban la noche jugando cartas. Hacíamos todo juntos´, recuerda Freddy. ´A los varones nos crecía el pelo y faltando tres días para clases nos llevaban al pueblo de Zudáñez, donde el peluquero nos ponía una tutuma en la cabeza y nos cortaba como monjes. Todos volvíamos con el mismo corte a Sucre´.
En esos veranos surgieron los Escorpiones, un club que reunía a los jóvenes varones que compartían aventuras. Por eso, ésta fue una de las primeras tradiciones que se revivieron en los Romerales.
Luego de una avalancha de cartas y llamadas de larga distancia en dos años de planificación, se organizó el primer Romeral 1985 en Sucre, al que acudieron más de un centenar de parientes, todos con una tarjeta que indicaba nombres y procedencia. Ximena Romero Villazón (41), tenía 20 años cuando acudió al evento. ´Me di cuenta que pertenecía a una familia con mucha mística y nunca he dejado de asistir a ningún Romeral. Fue fabuloso el ver a personas de todas las edades participando, como la tía Carmela de 90 años, que siempre se disfraza como los demás´.
Begoña Quezada (34) vivía en Perú y no sabía cuánta familia tenía. ´Fue totalmente emocionante. Llegabas y de pronto te saludaban por tu nombre con muchísimo cariño, como si te hubieran conocido de siempre´.
Ese año se afianzaron también los Escorpiones, pues todos los mayores de 15 años debían cumplir pruebas para ingresar al club. ´A la medianoche tienen que ir por la quebrada con dos guías hasta la cueva de los murciélagos, a cosa de un kilómetro, y traer por lo menos un murciélago vivo para hacer que fume´, recuerda Freddy.
Con el paso de los años se acabaron los murciélagos y pusieron otros retos, como subir hasta la cruz o mandarlos a la huerta para sacar gran cantidad de peras o paltas. Luego se los bautiza, se los mete al río y se les da de comer locotos rellenos. ´Los chicos esperan ansiosos las pruebas´.
Un año, las jóvenes se sublevaron y, encabezadas por Felipa Peredo, hicieron aprobar la creación del grupo de las Nina Nina, un insecto capaz de matar al escorpión.
Pero no es la única actividad femenina. Ana María Romero, ex reina del Romeral, cuenta que al principio tenían soberanas bufas. ´Ahora se presentan chicas jóvenes. Antes, las elegidas salían por los chistes y por tener más edad´.
Las jornadas del Romeral Como los miembros son pocos en La Paz, Cochabamba y Lima, ellos se han unido para hacer ´el eje´ y así formar equipos de fútbol, basket y natación, como para participar en los números artísticos.
En estas citas también se bautiza a los ´advenedizos´, que son los que ingresan a la familia a través del matrimonio. ´En 1985 empezó a reconocerse a las cabezas de las familias con un laurel y nombrarlos Romero verdaderos´, relata Freddy. ´Luego se identificó a todos los que contrajeron nupcias, que por cierto, muchos de ellos resultan más comprometidos´.
Cada dos años se celebra alguna de estas reuniones. El Romeral se hace cada cuatro o cinco años en Sucre, mientras que los Romeralitos se celebran en La Paz o Santa Cruz de forma alternada.
Marcelo Lorberg (33) recuerda las actividades de los cinco días del Romeral, que se inicia después de Navidad. ´Cada delegación hace sketchs y en los deportes se miden las fuerzas y salen a florecer las rivalidades entre regiones. También se visita en el cementerio a los que se han ido. Todo termina con la fiesta de Año Nuevo´.
Llegar al evento no siempre es fácil. ´Una vez decidimos ir todos en flota. Éramos 22 personas. A las 17.00 llegamos a la terminal, pero se canceló el viaje a Santa Cruz porque nadie quería ir por el camino viejo. No había pasajes de TAM... llegamos luego de 22 horas de viaje, directo al cóctel´, cuenta Ana María, quien recuerda que en el evento también surgen los amores de verano entre los jóvenes.
En La Paz, la familia acaba de elegir una nueva directiva que coordinará fuerzas para la reunión del Romeralito La Paz 2008. Los familiares de la sede deben ocuparse del alojamiento, comida y de la agenda de actividades.
Pero el fin más importante de los Romerales es el preservar los valores de la familia. ´En 1985 conformamos un grupo más que de parientes, de amigos. A través de esa primera experiencia ha sido gratificante sentir que somos más que compinches´, finaliza Marcelo Abastoflor (57), uno de los mayores en el grupo paceño.