El sueño de ser presidente de Bolivia del líder cocalero Evo Morales, convertido ya en realidad, empieza a perder parte del deslumbre inicial ante la complejidad del poder. Tal vez por ello, la primera lección aprendida en estas cuatro semanas en el Gobierno, tanto por Morales como por sus colaboradores, es que las cosas no son iguales cuando se está dentro, o como dice el dicho boliviano, ´otra cosa es con guitarra´.
Así lo ha entendido la ciudadanía, que tenía grandes expectativas por las medidas prometidas en la campaña electoral por el primer presidente indígena de Bolivia y que se dejan para más tarde, ante una cautela política asumida también por sus colaboradores. No en vano, el Gabinete, integrado equilibradamente por desposeídos, líderes sindicales y profesionales, son todos debutantes en las labores de gobierno en el país menos desarrollado de la región.
Además de la reducción de sueldos del Ejecutivo, que se ha hecho extensivo al Legislativo, el presidente Morales ha enviado al Parlamento un proyecto de ley para la convocatoria de una Asamblea Constituyente, como muy tarde en junio, con el mandato de definir la nueva Bolivia.
El proyecto, que en principio iba a ser considerado con otros dos más de la anterior legislatura, ya ha motivado protestas porque muchos sectores sociales desean hacer aportaciones al futuro texto constitucional. Este proyecto ha despertado viejas querellas y disputas regionales, con posiciones difícilmente reconciliables en un asunto muy relacionado: el referéndum autonómico, un proyecto respaldado por las élites de Santa Cruz, el departamento de mayor poder económico del país.
Algunos de los analistas consultados consideran que Morales prefiere dejar que sea la Constituyente la que defina los grandes cambios en la estructura económica, política y social del país.
De momento, en la estrategia de hidrocarburos (en la que existía la promesa electoral de su nacionalización) las negociaciones con las petroleras extranjeras se desarrollan en un clima de cordialidad.
Morales se ha movido mejor en su campo. El octavo congreso de productores cocaleros de Chapare le ha ratificado como su máximo líder —aunque ello contraviene la actual Carta Magna y los estatutos sindicales— y él ha consolidado su vieja pelea para que cada familia tenga un cato de coca en los lugares vetados por la ley antidroga. Ya no es cada familia, sino cada uno de los 45.000 afiliados a las seis federaciones del trópico quienes podrán cultivar 1.600 metros cuadrados.
Morales anunció que se revisará la ley antinarcóticos, una de las más duras, pues niega el principio de inocencia, y comenzará una campaña internacional para sacar a la hoja de coca de la lista de estupefacientes que tiene la Convención de Viena. Aunque ya sabe que ´otra cosa es con guitarra´, lo que le gusta es emular a sus amigos Hugo Chávez y Fidel Castro en la extensión de sus discursos. Ya pronunció uno de cuatro horas y media de duración.
*Mabel Azcui de El País de Madrid para La Razón. Este artículo es un extracto del original.
Anomia social y Constituyente
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Las renuncias
Una de las grandes limitaciones del Estado boliviano es la fragilidad de muchas de sus instituciones.