El teatro es una pasión. Y es pasión porque es vida. A través del teatro aprendemos a mirarnos a nosotros mismos (a nosotros y las circunstancias que nos acompañan) y, sobre todo al otro —a la otredad—, también con las circunstancias que los acompañan. Tal vez es por eso que soy un apasionado del teatro; tal vez por eso que me resulta difícil concebir la vida de una comunidad, de una ciudad, sin teatro; tal vez por eso he tratado de poner mi pequeño grano de arena para que la actividad teatral crezca en nuestra ciudad; tal vez por eso he seguido de cerca los veinte años de actividad de Casateatro.
Las instituciones nacen, crecen y mueren porque una o varias (pocas) voluntades se lo proponen. En el caso de Casateatro hay una persona que lo ha gestado, lo ha dado a luz y le ha dado un sello. Esa persona es René Hohenstein, que se comprometió con el teatro en su temprana juventud. Llegó a Santa Cruz de la Sierra con ese compromiso adquirido y desde entonces no ha dejado de hacer teatro —como actor, director, dramaturgo, gestor cultural. Sin lugar a dudas a esto hay que añadir el nombre de otras personas que han permitido que Casateatro nazca y se desarrolle; personas como la larga nómina de más de cien personas que formaron parte del elenco y de los técnicos, o como Marcelo Araúz desde la Casa de la Cultura “Raúl Otero Reiche” y Paula Peña desde el Museo de Historia.
En medio de la permanente crisis en la que estamos viviendo en estos últimos años, resulta enormemente gratificante ver el trabajo positivo que mucha gente hace. Veinte años es un buen tiempo para echar la mirada atrás y ver el camino que se ha hecho al andar. Y lo que veo que muy bueno. Las cifras hablan por sí solas: la formación de más de cien actores, la cantidad de obras puestas en escena, la cantidad de escolares que han participado en una buena parte de sus puestas, la creación del Festival Internacional de Teatro “Santa Cruz de la Sierra”… Pero sobre todo es muy bueno por la vigencia que tiene Casateatro en la actividad cultura cruceña y boliviana, en un país en el que lo que estamos acostumbrados a ver el nacimiento de muchas iniciativas y, en poco tiempo, ver la muerte de de casi todas.
Veinte años es un buen tiempo para caer en la cuenta que Casateatro es lo que es gracias al empeño y amor de mucha gente, pero sobre todo de René Hohenstein que ha convertido a Casateatro en su propia vida. Estoy seguro que en veinte años ha habido muchos contratiempos, incomprensiones y contrariedades que hubieran espantado a muchos. Sin embargo, pareciera que todo esto —los contratiempos, incomprensiones y contrariedades— se convirtieron en el abono adecuado para que Casateatro florezca.
Veinte años es un buen tiempo para homenajear a una institución que sigue fiel a los principios con los que nació, a una institución que está cumpliendo sus objetivos, a una institución que trabaja por Bolivia desde Santa Cruz de la Sierra. Por otra parte, resulta enormemente gratificante ver que en medio de un casi permanente estado de crisis hay gente positiva que trabaja por nuestra cultura. Felicidades, Casateatro! Gracias, Casateatro!
*Alcides Parejas Moreno es historiador.
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