Un ataque desata la violencia entre dos confesiones en Irak Un atentado con explosivos contra un santuario chiíta en Samarra fue respondido con represalias a decenas de mezquitas sunitas en Bagdad. Ambas comunidades religiosas fueron llamadas a recuperar la calma.
HERIDA CHIÍTA • Vecinos iraquíes inspeccionan el mausoleo del imán Ali al Hadi, ayer en la norteña ciudad de Samarra.
El bombazo contra uno de los más venerados santuarios chiítas en la ciudad de Samarra, y el posterior ataque en represalia de decenas de mezquitas suníes en el país hacen planear el fantasma de la guerra interconfesional en Irak.
La violencia desatada después del ataque contra el templo de la comunidad religiosa chiíta se cobró la vida de por lo menos seis sunitas, tres de ellos imanes, además del secuestro de otro clérigo sunita en Bagdad.
El flanco derecho del mausoleo de los imanes Alí al Hadi y Hasán al Askari, obra maestra de la arquitectura islámica cuya construcción se remonta a 1.200 años atrás y está situada en el corazón de Samara, quedó destrozado por una doble explosión.
Su cúpula dorada fue destruida y su revestimiento de mosaicos turquesas se hizo añicos.
Según la Policía iraquí, los ataques contra 27 mezquitas sunitas en Bagdad "fueron cometidos por gente enfurecida por lo sucedido en Samarra". Dio a entender que habían sido perpetrados por fieles chiítas.
Los ataques contra los sunitas —comunidad religiosa relegada tras la caída del régimen de Saddam Hussein— llegaron tras el último atentado contra los chiítas, ocurrido el martes, cuando la explosión de un coche-bomba en un restaurante dentro de un mercado de un barrio chiíta en el sur de Bagdad dejó 22 muertos y 27 heridos. Pese a que el ataque en Samarra no dejó víctimas, causó la reacción de la comunidad chiíta iraquí, mayoritaria en el país y con más poder después de la era Hussein, que salió a la calle para condenar el atentado y mostrar su repulsa contra las tropas norteamericanas y el gobierno iraquí, a los que acusaron de no proteger los santuarios.
La violencia se desató en el país pese a que los llamamientos a la calma, que trataban de evitar el conflicto sectario, no tardaron en llegar. El gran ayatolá Alí Al Sistani, máxima autoridad religiosa del chiísmo iraquí, instó a los fieles a que se manifestaran de forma pacífica.
El presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, condenó el atentado, y lo calificó de "crimen para incitar el odio sectario". "Muestra las malévolas intenciones de sus responsables, que intentan sembrar un conflicto sectario entre los iraquíes para obstaculizar el camino de Irak hacia la democracia", dijo un boletín de la Presidencia. Bagdad y Samarra, EFE-AFP