No soy que digamos religioso, aunque comulgo con el Todopoderoso casi todos los días, pero la otra noche exclamé para mis adentros, Dios mío, que no me pierda hilar sobre Tarija y los vientos de cambio soplando desde esferas hidrocarburíferas del presidente Morales, que a veces parecen ráfagas cruzadas y erráticas para marear la perdiz.
Una visita a la Dirección de Hidrocarburos de la Prefectura de Tarija propició tal estado de exaltación, donde no pude sustraerme a curioso membrete en puerta, que más que subrayar el nombre del funcionario, rezaba “100 TCF”. Conocí entonces a un ingeniero chapaco, y chaqueño por añadidura, con quien tuve el gusto de vadear aguas procelosas del negocio petrolero en la actual coyuntura política del país. Cien TCF de gas natural y 2.000 millones de condensado es la parte tarijeña de lo que él calcula en reservas de esa portentosa formación geológica de megacampos, que yo comparo con poza de cimbreantes truchas alineadas hacia el norte, en Tarija, Chuquisaca, Santa Cruz y Cochabamba. De sur a norte, la primera es el megacampo San Alberto, cuya cola está en Argentina, donde perforaron la parte estructural baja en Macueta.
Hablemos solamente de las reservas que la Prefectura toma en cuenta. A enero 2005 Bolivia contaba con reservas probadas y probables de 41.78 TCF de gas natural, de las cuales 86% son tarijeñas: casi 36 TCF. En condensado, las reservas probadas y probables de Bolivia registran 723.14 MMbbl, millones de barriles, de los cuales el 84% —607.44 MMbbl— son chapacos. Es fácil calcular el petróleo a $60 el barril: las reservas valen más de $36 mil millones de dólares solo en Tarija. Pero ni con analogías, legos como yo logran meterse en la sesera la magnitud de un TCF, Trillón de Pies Cúbicos. Primero que es un trillón gringo, 1.000.000.000.000: un millón de millones, un billón nuestro. Pero el gas se vende en BTU’s, unidades caloríficas británicas, y hay poco más de un pie cúbico de gas natural en un BTU. No pensemos en los $9.00 el millón de BTU’s (MMBTU) en que se vende en California, sino en el mínimo que debieran pagar Brasil y Argentina, de no mediar entreguismos: $4.00 el MMBTU: son unos $120.000 millones de dólares. Ergo, la dote en petróleo y gas de la fiel y leal Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa, son unos alucinantes $156.000 millones de dólares, de los cuales el 11% de regalías departamentales son más de $17.000 millones.
Como para cortejar, no contrariar, a la chura Tarija, porque da para quedar con los ojos en forma de $ como en dibujo animado de Walt Disney. Lo más sencillo sería repartir semejante fortuna entre 391.226 tarijeños, no valiendo arrimados como yo, aunque fuera ungido cumpita el pasado Día de Compadres —canasta de torta, frutos de la tierra, vino, serpentinas, banderitas, globos y todo—, por un amigo chapaco de pura cepa.
El tema es que en las profundidades, el petróleo y gas de Tarija, o de Arabia Saudita, vale tanto como el litio del Salar de Uyuni, o la arena del desierto saudí: poco o nada. Hay que extraerlo, procesarlo, industrializarlo, que no son negocios de pico y pala, como el que algunos ilusos mineros del occidente boliviano pretenden imponer en el Mutún. La plata hace plata, dicen, y para convertir semejante riqueza en dinero se necesita capital y tecnología. El capital abunda en el mundo tanto como los alimentos, lo que no impide que un tercio de la población del planeta se acueste con hambre, y que Bill Gates —ejemplo de tecnología de punta— pueda hacer millonarios a todos y cada uno de los bolivianos y todavía disponer de centenas de millones en su cuenta personal.
Tantas idas y venidas sobre el tema de los hidrocarburos, no han mellado la voluntad de los tarijeños de llevar progreso a su hermosa tierra, con los recursos de sus regalías hidrocarburíferas y en el contexto de la autonomía departamental, no dejándose sembrar nabos en las espaldas.
Las elecciones de diciembre 2005 han resultado en un Prefecto tarijeño elegido en las urnas por primera vez, y un Presidente de la república elegido por mayoría absoluta en mucho tiempo. Habrían de colisionar, de entrada, sobre el tema hidrocarburífero. Ocurrió a través del Ministro de Hidrocarburos, que pretendió dar un jalón de orejas centralista al autonomista Prefecto de Tarija, porque supuestamente su distrito estaría buscando inversiones petroleras sin intervención del gobierno nacional.
Fue un malentendido que las autoridades y organizaciones cívicas tarijeñas, presididas por su Prefecto, aclararon en una reciente reunión. Entregaron al Ministro de Hidrocarburos y al flamante Presidente de YPFB, copia de una ley en vigencia, mediante la cual la Prefectura de Tarija puede buscar y gestionar inversiones y asociaciones en el departamento para negocios de hidrocarburos, dejando en claro que la concreción de los mismos tendrá que hacerlas el Estado nacional, pero aguijoneado por las fuerzas vivas de un distrito que quiere más hechos y menos palabras. Con tal respaldo, los tarijeños restregaron en las centralistas narices de las autoridades nacionales, la copia de un documento de intenciones, para lograr una integración vial y energética entre el norte de Argentina, el noreste de Paraguay, el sudeste de Brasil y el norte de Chile.
La pugna entre las regiones y el gobierno central continuará. No satisfizo la respuesta a indagaciones sobre modificaciones a la Ley de Hidrocarburos, la crisis deficitaria de GLP en el país y la postura de dos caras de Venezuela, que propicia un gasoducto que le hará el mayor competidor de Bolivia, entre otras. Pero el activo gestionar de inversiones en negocios de hidrocarburos, y otros, debería extenderse a todos los departamentos de una Bolivia autonómica, para generar recursos que traigan progreso. Seguir el ejemplo de Tarija.
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